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miércoles, 3 de diciembre de 2014

EL FEMINICIDIO. Por: Laura Gutman

Obviamente el asesinato de mujeres es un crimen atroz y las mujeres merecemos que las leyes y el Estado nos protejan. Sin embargo, no son los instrumentos públicos los que van a lograr que las mujeres no seamos asesinadas por nuestras parejas, sino que somos las propias mujeres las únicas que podemos salir del circuito de amor violento. Sí. Sólo las mujeres. Pero ¿y si estamos sometidas? ¿Si no tenemos autonomía económica? Ni una cosa ni la otra son impedimentos para tomar la decisión de perder los beneficios que –también- otorga el amor violento. Para ello, será absolutamente necesario que comprendamos cuál ha sido el nivel de amor materno que hemos recibido. Sin lugar a dudas ha sido más carenciado de lo que recordamos y hemos sufrido desamparo y soledad hasta que devino en nuestra única y conocida manera de vivir. Para sobrevivir a tanto dolor, hemos usado algunos recursos como la agresión, la manipulación, las alianzas, el desprecio o la mentira hasta convertirnos en guerreras audaces. ¿Qué es lo que a cualquier guerrero le gusta sentir cuando va a la guerra? Vitalidad. Pasión. Fuerza. Adrenalina. Fuego. Deseo. Poder. Ese “gusto” pasional lo necesitamos como el aire que respiramos, en cambio la falta de vitalidad  nos deprime y nos angustia.  Con este entrenamiento de supervivencia, luego en cada relación de amistad, familiar o en cada vínculo amoroso, tenemos la sensación que sin pasión, pelea, sangre o fuego, no hay amor.  Entonces para amarnos hacemos eso: nos peleamos a muerte, nos amenazamos, nos decimos cosas horribles para luego amarnos con locura, reconciliarnos y hacernos promesas lujuriosas. Entonces nos sentimos vivas. A mayor desesperación por sentirnos vivas y amadas, más desplazaremos los limites de la agresión. Cuánto más nos golpea o nos amenaza nuestra pareja, más pasión generamos –después- durante el arrepentimiento. Ese es el beneficio oculto. Esa es la parte que no estamos dispuestas a perder, porque en un punto, es esa pasión la que nos mantiene vivas. Son esas migajas de vitalidad las que nos nutren. Son las promesas desesperadas del varón las que nos hacen sentir reinas por un instante y nos alejan del vacío y las carencias del pasado. Aferradas a esa necesidad de ser más deseadas que cualquier otra mujer; un día, el hombre nos mata.

Más articulos de Laura Gutman www.lauragutman.com.ar

martes, 2 de diciembre de 2014

CRÓNICA SANANDO LO FEMENINO. Por: Mujeres expositoras y hombres que participaron.


Sanando lo femenino es un proyecto Dragon Dreaming que comenzó con un sueño de trabajar por una sociedad más armónica e inspirados en el acto de psicomagía de Alejandro Jodorowsky convocamos a las mujeres (Ver Convocatoria Sanando lo femeninr ) a hacer un autoretrato usando su sangre menstrual y ponerlo en un marco dorado; durante esta exposición que tuvo lugar los días 22 y 23 de agosto de 2014 en Bogotá D.C nos reunimos mujeres y hombres a construir que eso lo femenino y como armonizamos nuestras relaciones y conflictos de genero, para esto los hombres también se unieron a este evento mostrando su visión y trabajo. Algunas de las mujeres expositoras mostraron y compartieron sus talentos con arteterapia, performance de peluquería y música.

El arte es el lenguaje del inconsciente, la sangre menstrual es el femenino mas instintivo, representa ser mujeres, el paso de la niña a la mujer creadora; el dorado es el color del sol el arquetipo del padre y la cultura patriarcal, así dentro de este marco podemos ser mujeres sin tener que adaptar un femenino reprimido que desarmoniza y afecta a mujeres y hombres en sus relaciones, en la crianza de las hijas e hijos, en pareja, en el lugar en el mundo...Aquí nos presentamos desde lo que somos y así gestamos el cambio.

Celebramos este proyecto mostrando también lo que fue el evento en las palabras de sus participantes y fotos del mismo. Gracias a todas y todos!

  "TABÚ" . Por: Mónica Vidal Gutierrez

Creí haber crecido con pocos tabues sobre mi cuerpo de mujer y sobre la menstruación. Creí haber derribado muchos de los tabues restantes en mi adultez. Uso copa menstrual, mi sangre no me da asco, juego con ella en el baño, riego con ella mis plantas. Me creia tan "avanzada".... Suspiro....

Y luego me invitan a esta propuesta de DIJOMA para SANAR LO FEMENINO. A hacer un autoretrato con mi sangre, enmarcarlo y exponerlo.

Inicialmente no pensé que sería difícil, para mí "tan cómoda en mi propio cuerpo, tan cómoda con mi menstruación". Y llegó el día, mi menstruación.... Y me encuentro con una hoja en blanco, encerrada en el baño, avergonzada de usar mi sangre.... en actitud de "que nadie se entere de lo que hago".... Uso mis dedos, procuro terminar pronto, busco encontrar un lugar de secado ultra discreto. La guardé en otro lugar discreto. Esto fue en mayo.

Desde mayo "no encontraba tiempo" de entregar mi obra para su exposición. Y la vocecita interior me decía ¿falta de tiempo, o resistencias?.

Este fin de semana me animé. La llevé y conversé sobre el tema con Enara. Al rato me cuenta que está conmovida. Y siguen las vocecitas interiores. Las reconozco, no son nuevas. Sigue habiendo una parte de mi que dice «no es para tanto»... «no es para conmover a alguien»... «si lo hiciste escondida y a la carrera»... sigue en mi esa voz de la cultura patriarcal que resta valor a lo que hago, que lo califica todo, que lo juzga todo... Encuentro que de eso se trata este acto para mí... de dar valor a lo que hago... de reconocerme única y valiosa... de que lo que haga, ya sea rápido, escondida, pequeño, discreto.... o todo lo contrario... o uno de los infinitos puntos intermedios... siempre tiene valor... porque cada elección que hago, cada pieza de arte, cada obra repostera, cada expresión sincera de mi vulnerabilidad... todo lo que elijo hacer libremente, todo lo que me animo a hacer saliendo de mi zona cómoda es creación... es dar un pedazo de mí al universo... es una expresión de mi divinidad... es permitirme entrar en contacto con mi esencia desde ese conjunto de factores que me permiten ser esa que soy en este único instante... Doy gracias por la oportunidad de permitir crear y exponer, que en este caso es un exponerME.... Y exponerme en mi caso suele traer grandes aprendizajes y nuevas maneras de aprender a quererme.


MIS TRECE LUNAS. Por: Erika Rincon

Auto retratos realizados con las Lunas tomadas de mis ciclos, en un ejercicio de sanación durante este giro al Sol va surgiendo en cada Luna una intención hasta completar mis 13 Lunas. Reconociendo y empoderando. Gracias a Enara Amarillo y a la Corporación DIJOMA por inspirarme a seguir en la busqueda.






    

9 LUNAS. Por: Grisel Ortiz Martinez

El haber participado en SANANDO LO FEMENINO fue algo realmente como dice el titulo… SANADOR.


Pero siendo sincera al leer de qué trataba, mi primera reacción fue “ayy pero pintar con mi sangre, que asco.” Jaja ahora mi rio porque al reaccionar así me di cuenta que si tenía filtros en mi sistema de todos los tabúes no solo en mi generación pero en todo el linaje femenino del que provengo. 

Me senté con mi cuerpo y medite sobre toda la información equivocada que rondaba en mí, hasta que me libere y de ahí salió mi inspiración. Solté los estigmas que me fueron impuestos y vi la imagen de mí y de todas las mujeres que han pasado por las 9 lunas y con su sangre sagrada crearon vida.

La metamorfosis y el amor son el tema central de mi obra, nuestra sangre es sagrada y en mi obra esa huella quise dejar. Gracias a Enara y a Corporación Dijoma por la invitación y por liberarme de años de esclavitud mental. 

Con amor,
Grisel Ortiz Martínez

A 24 CUADROS POR MUJER. Por: Gabriel Rojas Vera

He calculado que uno puede recordar un año de vida por cada 10 minutos de buseta. Entonces en esa caja andante, donde el tiempo es tan subjetivo (recordemos al Perseguidor de Julio Cortazar), también da ese espacio para llorar. ¿Pero por qué lloraba la primera Karen que vi en la tarde, y por qué lloraba la segunda Karen que vi en la noche? Sencillamente porque el bus es el sitio público más íntimo para llorar. Allí los pasajeros dejan de existir, la ventana es una pantalla de cine con voz en off, y la brisa fría que se cuela toma un tono a domingo con ganas de llorar. Si yo no he llorado en un bus ha sido por mis traumas psicológicos. Llorar en un bus es un llanto hermoso, el llanto contenido ante las miradas indiferentes pero hipócritas de los demás pasajeros que solo usan su reojo. Lamento no haberles preguntado a ninguna de las tantas Karen que vi llorar cuál era el motivo, invitarlas a un café, bajarme en la parada equivocada y sentarme con ellas y escucharlas y enamorarme. Mi insólita timidez me hizo inventarme las causas y prolongar las consecuencias en una película. Ver llorar una mujer en un bus no significa fragilidad, sino un enigma más que tienen las mujeres para mí.

Lamentablemente estudié en un colegio católico de solo hombres, eso, supongo, acrecentó mi curiosidad por las mujeres e hizo que cada vez que se acercaba una a mí, la escuchara con especial atención. Muchas de ellas al terminar la conversación me decían que sus confesiones no se las habían compartido ni a sus mejores amigas, pero que conmigo habían sentido la tranquilidad de hablar sin ataduras, creo que más que un don, simplemente se debía a un oído paciente y expectante.

Karen son fragmentos de mujeres que convivieron conmigo de alguna u otra forma, creo que de ahí viene que gran parte del público femenino se haya sentido identificada con ella. Cuando escribí el guion de Karen, dónde renuncié a mostrar eventos espectaculares, pensaba que nadie iba a entender la propuesta de mostrar una vida común con problemas comunes. Pero había algo en la historia que llamó la atención de los jurados cuando fue merecedor del estímulo a escritura de guion del Fondo para el Desarrollo cinematográfico, y cuando ganó finalmente el estímulo de producción con lo que logramos realizar la película. La verdad yo fui el primer sorprendido pensé que una película sin los grandes conflictos políticos y sociales de Colombia, no llamaría la atención, pero fue en general, muy bien recibida por la crítica y por el público.

Gabriel Rojas Vera.
Director Pelicula Karen llora en un bus



DEMOCRACIA Y CULTURA PATRIARCAL. Por: Cesar Pinzón Medina

“El ser humano es un animal inserto en tramas de significación que él mismo creó”
Max Weber

La cultura  es un conjunto de rasgos distintivos, espirituales, materiales, intelectuales y emocionales que caracterizan a los grupos humanos, y que comprenden modos de vida, sistemas de valores tradiciones y creencias.

El Patriarcado se define como el gobierno de los padres, el derecho político que obtienen los varones en virtud de ser varones, el tipo de organización social en la que la autoridad es ejercida por el varón, jefe de familia, dueño del patrimonio, la manifestación e institucionalización del domino de hombres sobre mujeres, niños/niñas y la familia y la ampliación de ese dominio sobre la sociedad en general. Sin embargo, no hay que tomar al concepto como transcultural y transhistórico, cada momento histórico-social, cada territorio y cada contexto cultural y económico funciona de una manera particular.

La cultura Patriarcal define los roles humanos, lo que es correcto, lo hegemónico, lo que es normal, lo natural, las pautas que dan sentido a las vidas de las personas, las construcción de estéticas, el ordenamiento de las leyes, la utilización y distribución de los recursos, priorizar en el gesto comunicativo y la división del trabajo.
El estudio de las culturas, no debe ser una ciencia experimental que busque leyes, sino una ciencia interpretativa que busque significaciones.

Lo que propongo es la explicación de fenómenos sociales, tales como la cultura patriarcal, interpretando prácticas, hábitos, valoraciones, prejuicios y actitudes que a primera vista suelen parecer enigmáticas pero que tras problematizarlas, develan sus efectos en la urdimbre/ Cultura que a su vez determina la vida de las personas


Para sanar Lo Femenino debemos comenzar demoliendo algunas estructuras tales como; la división sexual del trabajo, la heteronormatividad Binarismo, la complementariedad, la belleza hegemónica, el androcentrismo, el machismo y la misoginia.

Sanar lo femenino en la cultura Patriarcal debe tomar en cuenta la relatividad de la verdad, el relacionamiento horizontal, la aceptación y valoración de la diferencia, la construcción en el diálogo de saberes, el respeto, la libertad y los derechos.

Una educación adecuada para las niñas es la que da preferencia al desarrollo de sus roles de madre y esposa. ¿Acuerdo o Desacuerdo?

Esta pregunta se hizo en Bogotá en todas las localidades, se le pregunta a grupos de mujeres y hombres según su condición socioeconómica y se ha hecho a lo largo del 2009 al 2013, los resultados generales son los siguientes:

2009
Hombres: 52,30% Mujeres: 50,20%

2011
Hombres: 42,10% Mujeres: 37,20%

2013
Hombres: 34,20% Mujeres: 30%

2013 Bogotá
Mujeres: 30,0% Hombres: 34,2%

Cesar Pinzón Medina
Dirección de gestión del conocimiento y coordinación del boletin Mujer-es en cifras
Secretaria Distrital de la mujer


SANANDO LO FEMENINO VIERNES 22 Y SÁBADO 23 DE AGOSTO DE 2014
























Para más información visita fan page de Corporación Dijoma en Facebook https://www.facebook.com/corporaciondijoma




SOBRE LAS INSTITUCIONES. Por: Nicolas Tamayo

Image by: Christian Gundtoft
Cuando uno permanece mucho tiempo amarrado a una institución, poco a poco deja de pensar por si mismo y empieza a aceptar como propio el pensar de la institución.

No importa si es una institución militar, religiosa o dedicada al altruismo, es una institucionalidad que necesita de la alienación de sus participantes para sobrevivir.


El propósito de la institución puede ser muy noble (y muchas veces así es) pero el precio que uno paga es caer en un servilismo que subyuga la libre voluntad a la voluntad de la institución.

Por un tiempo uno se siente bien, la institución nos es útil porque nos brinda un propósito y nos da un sentido de pertenencia, y al mismo tiempo nosotros le somos útiles a la institución ayudándole con la mejor de las disposiciones a cumplir sus objetivos.

El problema llega cuando creemos que nosotros somos la institución, y que su sentir es nuestro, y que su pensar es nuestro, al punto de que nos ofendemos a nivel personal cuando los formas de actuar de la institución son cuestionadas (formas que muchas veces nada tienen que ver con nosotros en lo más intimo)

Entonces ya me identifique, me atraparon, cedí un poco de mi intimidad ¿quien soy yo si no estoy ahí? ¿cual es mi propósito si dejo de estar ahí?
Es bueno cuidarse de esto. Las instituciones están para el servicio (ojala de los intereses más elevados) pero son corruptibles, tienen su luz y su sombra.

No perdamos nuestra valiosa intimidad, nuestra valiosa individualidad poniéndola por debajo de intereses que si bien pueden ser muy nobles, si nos descuidamos, nos pueden absorber la vida.

Hay que recordar, que independiente de donde estemos, el único lugar en donde no podemos dejar de estar es en nosotros mismos. Actuar siendo fiel al sentir personal que nos acerco a uno u otro lugar. Observar, atento, si aún puedo ser quien soy en medio de lo que se me pide que haga, no transar. Cuando estoy en mi, mi ser y mi actuar son uno solo.

Todo en su justa medida.

martes, 18 de noviembre de 2014

UN SIMPLE CARISMA. Por: Enara Amarillo

Image by: Christian Gundtoft
Siempre hemos escuchado hablar sobre la comunicación, sobre los problemas en la forma de comunicarnos, cómo saber comunicarse es la clave de una sociedad más armónica y menos violenta. Comunicar y saber hacerlo es casi la clave del éxito, sonreír siempre, decir cosas positivas, miles y miles de claves de una buena comunicación es ya casi un mito y acertijo a descifrar que nos puede llevar a la armonía.

La comunicación carismática y la escucha profunda pilares de Dragon Dreaming, dos técnicas sencillas, durante los talleres se hace sonar una campanita todo queda en silencio por 30 segundos y nos conectamos, nos comunicamos de manera más auténtica y así también más conectados generamos un verdadero win-win-win.

Todo esto tan sencillo y todo por desaprender para en realidad poder aplicarlo, hemos venido acostumbrados a tener la razón, a tener el mejor argumento, generar el mejor debate y lastimosamente todo esto basado en un gana-pierde, yo hablo mejor que tú, porque soy más educado que tú, porque tengo más títulos que tú, porque gano más dinero que tu, no cometo tantos errores como tú… infinitos argumentos que muy legalmente se han acomodado en nuestra idiosincrasia y cultura, son parte de nuestras dinámicas familiares y de nuestras “metas” por alcanzar en la vida.

Estamos acostumbrados a un lenguaje guerrerista, a hablar duro para ser escuchados y golpear con nuestra voz para poder hacernos a un lugar en el mundo, aquí , en nuestro país y en nuestra inmensa diversidad están los grandes lobos de la guerra, las victimas que exigen justicia, los ciudadanos que se consideran de bien y los de mal, los que aplauden el plomo y ganar la guerra excluyendo a los que son los enemigos de la paz, como los que creen que acabar con una guerra tan arraigada en el territorio con prisa solo generara una mala paz y todos al unísono clamando ser escuchados, creyendo tener una única solución para dar fin a esta barbarie a la que con naturalidad nos hemos acostumbrado.

Y entonces, como es eso de la comunicación carismática y la escucha profunda, es poder hablar desde el punto más genuino, es poder hacer una pausa y expresar lo que somos a pesar de los miedos o los dragones que se aparecen, porque cuando hacemos una pausa sabemos si entrar en discusiones es realmente necesario, quizás lo que me causaba tanto afán emprender no debe ir tan de prisa, puedo escuchar al otro profundamente sin esperar con impaciencia a que termine de hablar para poder decir lo que tengo que decir, o , interrumpir con un tono de voz más alto  e inclusive es momento de decir lo que pienso y siento realmente solo desde un lugar más honesto y tranquilo sin tener que dañar o aplastar el sueño de otro para realizar el mío, esto no quiere decir que la comunicación carismática carezca de momentos álgidos, donde las emociones se enredan,  los tonos se suben y es precisamente ahí donde más se usa. Es así, como la comunicación carismática entra en la cotidianidad, cuando eso de la autenticidad sin necesidad de entrar en batalla comienza a valer la pena, porque el trabajo en colectivo no quiere decir que tengamos que perdernos, al contrario, quiere decir que podemos hacer una red común para llevarnos al puerto en que podamos finalmente celebrar, recoger la experiencia vivida y reconocernos.

Vernos como individuos auténticos comienza a tener sentido, porque cuando no estamos jugando a ganar y perder la concepción del trabajo cambia, los sueños son más genuinos y las potencialidades surgen con más naturalidad y autenticidad, nos escuchamos con más atención y podemos expresarnos con más carisma que es natural en todos los seres humanos, es un mito que el carismático es solo un privilegiado que logro la clave para cautivar y sin ningún esfuerzo obtener lo que quiere. El carisma es de todos, no hay que competir por él, ni desarmonizarnos en ese proceso, en una pausa podemos encontrar nuestro punto más carismático.

lunes, 17 de noviembre de 2014

LOS MONSTRUOS. Por: Monica Vidal Gutierrez

Image by: Christian Gundtoft
En estos días me he visto defendiendo monstruos…. Quizás no a los monstruos en sí, sino a el derecho a que las leyes y los juicios tradicionales dejen de obligar a los monstruos a quedarse en el closet.

Alguna vez leí que muchos terrores infantiles eran un mecanismo de defensa de los niños, una manera de sacar afuera aquello difícil o doloroso de procesar que hay en su interior. Decía es más fácil de procesar lo feo que hay afuera que lo feo de adentro.

Creo que como sociedad seguimos siendo niños que proyectan sus miedos, maldades, fealdades afuera. Por eso vemos a “los otros” como “los malos”. Por eso son populares frases como “los buenos somos más”. Por eso vivimos protegiéndonos del mal de afuera. Vivimos deseando que maten o encierren a los malos para que quedemos sólo los buenos. Vivimos quitando los síntomas de nuestras enfermedades en lugar de reconocer las carencias interiores que puedan causarlas, o el mensaje urgente que nuestro cuerpo quiere transmitirnos.

Lo hacemos porque no queremos ver a nuestros monstruos interiores. Queremos ver a los monstruos afuera, ya no como un mecanismo para procesar lo que hay adentro, sino como un mecanismo para evitarlo.

Me acusan de asesina de bebés por creer que las mujeres tienen derecho a un aborto seguro. Creo así porque creo que, legal o no, el aborto se comete. Creo que legalizarlo es sacar al monstruo del closet. Es reconocer que en una situación así una mujer necesita más contención que juicios. Que incluso una mujer contenida puede llegar a cambiar sus decisiones al poder procesar la situación con más tranquilidad, porque ya no está la carga adicional de estar cometiendo un delito. Y entonces por apoyar la legalización del aborto me desearon explícitamente la muerte de mis hijos… Sin palabras…

Diálogos similares al anterior tuve sobre mi manera no religiosa de creer en Dios y sobre la legalización de la droga.

Y creo ver con claridad que en el fondo más daño se causa desde el creerse bueno, desde una autoridad moral que tiene detrás, no bondad, ni pureza de corazón, sino una necesidad de control. Ver lo malo en otros para en contraste ser buenos. Juzgar a los monstruos de afuera para evitar los de adentro, y así tener la fantasía de tenerlos bajo control. Y el monstruo sale sí o sí, como salió a quien me deseó tanto mal.

Ayer también tuve diálogos similares sobre un artículo de Laura Gutman. La gente interpretó que Laura al explicar que los abusadores actúan desde sus propias heridas infantiles estaba justificando sus acciones. Yo creo que si llegamos a esas interpretaciones es porque el abuso infantil sigue estando en el closet. Queremos ver al abusador como monstruo. No queremos ver al abusador en potencia que pueda haber en nosotros, no queremos ver al humano detrás del monstruo porque eso nos pone a su mismo nivel. No querernos ver que el abusador pueda estar cerca, aunque habitualmente lo están. No queremos ver a la madre como cómplice del abuso, sin quererlo con frecuencia lo son. No queremos reconocer el abuso, lo queremos escondido, lo queremos lejos. Y por eso juzgamos a quien lo describe, a quien lo nombra, como cómplice. Matamos al mensajero. No, yo tampoco justifico al abusador, ni a un asesino, ni a muchas otras monstruosidades. Y hay personas con tanto dolor dentro que pierden su humanidad y no hay alternativas que separarlos del mundo para que dejen de causar daño. Y creo que reconocer el dolor qu sufrieron, que es origen de su maldad, nos ayuda a entendernos como sociedad, y de paso elegir en nosotros alternativas diferentes al odio.

Definir, explicar el lugar desde donde actúan, humanizar a los monstruos no los justifica, no los excusa de sus acciones. Nos da una oportunidad de sacar, con cuidado y responsabilidad,  a nuestros propios monstruos del closet. Nos da permiso de reconocer nuestras carencias, nombrarlas, llorarlas con suerte antes de que se conviertan en monstruos de odio y destrucción.Y al hacerlo, al reconocer al monstruo en nosotros, al amar al monstruo en nosotros, al sacarlo del closet con cariño y con amor, al mirarnos compasivamente, podemos escuchar a nuestro monstruo, tiene mucho por decirnos y mucho por enseñarnos.



Blog de Monica Vidal Gutiérrez: http://aprenderaquererme.wordpress.com/