Cuando
trabajar es sinónimo de largas jornadas, bajos salarios, actividades sin
sentido, cuando se trabaja para alimentar fortunas ajenas y en actividades que
matan la creatividad, a esa sociedad le conviene sobrevalorar el trabajo, le
conviene sobrevalorar el acto de trabajar en sí, sin importar el sentido de ese
trabajo, ni su impacto social, ni la satisfacción que ofrece o las
posibilidades de realización que nos puede dar.
Creo
que tenemos las prioridades cambiadas. Como dice una frase por ahí:
“gastamos dinero que no tenemos, en cosas que no necesitamos para impresionar a
gente que no nos importa”. Muchos de nosotros hemos trabajado realizando
actividades repetitivas, de plano aburridas, y lo que es peor, sin sentido.
Ese
último punto a mí me parece central: el sentido. Hemos perdido, o por lo menos
olvidado, que nuestro hacer tiene que estar dirigido por un sentido. Sentido
que puede ser libremente elegido, y que es ideal responda a intereses que nos
mantengan sanos, intereses que le aporten vida a la vida, tanto a nivel
personal como colectivo.
Muchas
veces incluso usamos el trabajo como una excusa, una excusa para no ocuparnos
de lo que sabemos que tenemos que hacer, de aquello que es primordial. En esos
casos extremos usamos justificaciones como “no tengo tiempo”, “tengo que
cumplir con mi jefe” “mi trabajo es más importante” “mi trabajo es lo que me
permite pagar mis gastos” (gastos excesivos e inútiles en la mayoría de los
casos).
Es
cierto que estoy generalizando, pero por lo menos en algún grado cada uno de
nosotros se ha visto influido por esta concepción cultural que tenemos sobre el
trabajo. Por el simple hecho de haber visto trabajar (en exceso) a nuestros
padres y abuelos, por habitar en una sociedad donde todo gira entorno al
sagrado trabajo, hemos absorbido una forma de plantearnos esta parte importante
de nuestras vidas: nuestro hacer.
Nuestro
hacer debería estar íntimamente relacionado con nuestro ser, debería derivarse
de nuestro ser. Pero como el mismo trabajo no nos deja tiempo para indagar en
los misterios de nuestro ser ¿Cómo vamos a lograr vislumbrar que nuestra
actividad laboral esta a veces muy lejos de lo que somos?
Suena
casi paranoico, pero es como si a nuestra sociedad le conviniera producir
trabajadores responsables, productivos, obedientes y sumisos. Curiosamente a
veces el más responsable con su trabajo es el más irresponsable en cuanto a su
salud, familia y vida personal se refiere.
Quizás
sea momento de empezar a cuestionarnos estas cosas, de empezar a ser nosotros
los que guíen el sentido de las actividades que hacemos. El trabajo, la
disciplina y el esfuerzo son realmente productivos cuando hacemos algo que nos
motiva y nos llena de energía. El trabajo duro, bien orientado, está más cerca
de eso que llamamos pasión, que de eso que llamamos stress.
Es
tiempo de dejar de traBAJAR y empezar a traSUBIR
Blog de Nicolas Tamayo: https://elcaballogriego.wordpress.com