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jueves, 20 de febrero de 2014

DE LA PERVERSION FEMENINA. Por: Enara Amarillo




La mujer está excluida de la perversión por el simple hecho de estar castrada, tiene la amnistía de no ser perversa; el niño hombre se horroriza al ver y saber que podría ser castrado y se promete jamás serlo aquí ya sus acciones sin culpa aparente lo llevan a darse derechos que le permiten hacer sus “fechorías” una y otra vez. La mujer por otro lado se mantiene resignada en su posición castrada pues ya no tiene reversa, inevitablemente fue castrada; Sigmund Freud y el psicoanálisis en su época definió la perversión de esta manera siendo menester del  hombre y así su teoría permanece y se hereda hasta el día de hoy. 

La mujer ha luchado y sigue luchando de frente contra la cultura patriarcal, por su derecho al voto, por ocupar puestos y roles dados exclusivamente a los hombres, hoy  las mujeres son presidentes, médicas, abogadas, madres cabeza de hogar, líderes sociales y así esta opresión ha cesado. Ya las mujeres se reúnen para recibir el don de lo femenino y a través de él proveer al mundo de una energía única y santa que solo ellas pueden dar.

La mujer se ha dado este lugar de víctima y muy bien argumentado, pues los hechos las liberan de culpa ante los hombres opresores que se han adueñado del mundo con infame violencia de todo tipo, se han expandido oprimiendo a la mujer con su perversión dándose derechos sexuales, intelectuales y hasta morales; la iglesia católica tiene un Papa sin Papisa, la santa institución dirigida por grupos de hombres le dan prioridad a un pájaro blanco para completar la santísima trinidad que a la mujer virgen y madre, mártir del dolor de su único hijo, ella es medio, es virgen y es ascendida y premiada por el Altísimo PADRE por este lugar y tales cualidades. Generaciones de mujeres maltratadas, humanas que solo han podido ser madres educadas para ello, pues ya esta tan inconscientemente arraigada esta cultura en nosotros que no se concibe la mujer como otra cosa, no hay derecho a la espiritualidad solo a través del hijo hombre tal como María la Virgen, no hay sexo pues perder la virginidad es como perder el cielo y con la imagen de un Papa y unas monjas que lo sostienen de manera subordinada y pasiva mucho menos hay posibilidades de ser intelectual y materialmente concebidas como portadoras de conocimiento y mucho menos para crear y producir dinero.

Años y generaciones de estas mujeres han creado y sembrado en la mujer la frustración, una mujer ya frustrada enseña a su hija a no serlo a ser vengadora mientras que al hijo hombre quien ya por serlo tiene derecho a todo; pero existe en esta madre el miedo a que su hijo hombre sea como aquellos perversos por lo cual lo castra, la castración femenina se vuelve perversa cuando por medio del hijo hombre encuentra su realización por derecho de ser su madre y en su hija descargar su frustración haciendo de esta una vengadora de los hombres condenándola a repetir historias, consecuentemente esto produce mujeres solas que odian a los hombres, madres solteras que se convierten en madres invasoras al querer ser madre y Padre de ese hijo/a. La perversión femenina es más sutil porque no se ve, es una perversión silenciosa, pasiva, delicada y socialmente aceptada.

La perversión femenina tiene afán de conseguir algo que perdió y crea mujeres que salen a toda costa a realizarse, a ser reconocidas como iguales al hombre y  al demostrar que son iguales se convierten en esclavas de la cultura patriarcal, esclavas de castrar a sus hijos hombres y crear adultos niños, mamiteros incapaces de tomar su fuerza y ser hombres completos , a  tener que buscar la “teta” que les dé el sustento de esa madre indispensable, son los hijos que cumplen los deseos de su madre de expandirse por el mundo y ser millonarios a toda costa porque su éxito es el espejo del éxito frustrado de su madre, hijos triangulados que salen de casa a buscar una mujer igual que los someta sutil y amorosamente, que los inutilice, que lo haga obtener el amor que identifica y confunde con amor materno, hijos que nunca salen de casa porque mamá no tiene un esposo y su madre los hizo su hombre aquel que las acompañara hasta que la muerte los separe. Un hijo Frustrado que con su rabia contenida no se desarrolla y se queda niño y cuando tiene hijos no tiene como ni de donde dar ese masculino que su mamá posee y le retiene por miedo a la fuerza masculina distorsionada por años. Hijos que conquistan el mundo y compiten con el padre por el amor de la madre, un padre que no respeta el lugar del hijo y compite de frente con él. 
 
También crean las hijas vengadoras que perpetúan este tipo de trato al hombre, que han sido rodeadas de un coro de mujeres que odian a los hombres, mujeres absolutamente patriarcalizadas que se frustran al ser madres porque han acallado su instinto y la maternidad las encierra, las ahoga, las inutiliza y siguen siendo fieles victimas que alargan esta cadena, mujeres que no se conocen y no saben que sus hijos no son suyos, no son objeto de creación de sí mismas.

La perversión femenina es la correspondencia con la posición de víctimas, claro que lo han sido, mamá y papá profundamente frustrados y abusados, abusan de la niña, intelectualmente con sus conceptos de la vida, su concepción de género y la estructuración impuesta del pensamiento; emocionalmente con el abuso del corazón de la niña, pues esto no tiene genero un niño/a se hace fiel a la tristeza, la alegría, el dolor y al mundo emocional principalmente de su madre y ella ignorante de esto descarga esto en ella, así ella reproduce estos sentimientos de inferioridad, de carencia y de falta porque su condición femenina ya los tiene; sexualmente es la castración más común pues la mujer tiene derecho a ser santa o puta y si es santa no tiene derecho a lo material, a lo creativo y si es puta no tiene derecho al cielo, un dilema interno bastante complejo porque como lidiar en estos opuestos tan arraigados en ellas, en la familia y la cultura; ya dentro de esta dinámica de maltrato la madre no tiene como proteger a su hija, por lo cual el hombre y en muchos casos el padre o familiares hombres cercanos llegan a abusar sexualmente de ella  y finalmente el abuso material es no tener acceso a crear y ganar dinero por su talento creativo y así solo se puede ser esclavo de algo que jamás será suyo, pues el talento creativo es la posibilidad de sembrar en el mundo y recoger lo que se da, es condenarse a la infelicidad.

La perversión femenina es no moverse de ese lugar de víctima, es justificar la frustración y el daño desde ahí, exigirlo todo por derecho y no dar nada a cambio, porque la posición de victimas exenta de responsabilidad, son otros los que deben hacerse cargo, es la justicia la que debe actuar a favor de este ser incapacitado para responder por sí mismo y darle todo sin flujo de vuelta y así lo único que se busca es perpetuar estas cadenas de abuso, porque donde hay un abusador hay alguien que es abusado, donde hay una víctima hay un victimario, donde hay un frustrado hay alguien que tiene lo que este no y la correspondencia se alarga, la competencia entre seres humanos y la guerra de géneros se justifica convirtiéndose en esclava de esperar que otros hagan lo que ella no puede.

La perversión surge de seres humanos frustrados que no pueden realizar su obra, de un mundo sin belleza que sin esperanzas se condena a ser lo mismo y a no cambiar, llevándose a  la muerte, día tras día esto genera más perversión, mas sicariato, mas expansionismo, mas encierro y más abusos sexuales, mas guerra; tanto hombres como mujeres tienen la posibilidad de desarrollarse completos. 

Hoy estamos atravesando un cambio profundo en el mundo, la cultura patriarcal se derrumba a pedazos, la mujer tiene el derecho y la responsabilidad de desarrollarse más allá de la envidia del pene que ya hoy es obsoleta en términos prácticos, pero para esto recogerse y caer en si misma quiere decir encontrar su don, dejar de llorar su perdida, desarrollarse más allá del reconocimiento, de la aprobación y en ese espacio vacío que contiene con sutileza generar cada momento un mundo más matristico mas no matriarcal, un mundo que le da a la mujer su lugar por derecho natural y no  imponiéndose ante un mundo en donde siempre se perderá y lo alimentara para seguir siendo víctima; así el hombre también descansa porque una mujer desarrollada ayuda al hombre a calmarse, nutre a sus hijos hombres y les permite ser adultos desarrollando su fuerza sin contener un león enjaulado, sin depredarlo; una mujer desarrollada es el don y el regalo más grande que le puede ocurrir al mundo de hoy porque hace un alto y desde su cambio se gesta un mundo más estético, más bello y pacífico.

jueves, 19 de diciembre de 2013

EL VIAJE OBLIGADO DEL HEROE. Por : Gabriel Ojeda Martinez

Eso de ser buscador no es algo que te propones ser, es algo que ya traes en tu inconsciente. En un momento de tu vida esa búsqueda te alcanza, no es algo que tu estas buscando es algo que te encuentra. Te contacta casi siempre a través de una enfermedad, un accidente, una tragedia familiar o personal y es cuando comienza el camino del buscador, que casi nunca es por voluntad propia sino por una inquietud existencial que te saca abruptamente de tu zona cómoda y de tus certezas, un llamado esencial que a pesar de todos los intentos de hacerte “el loco” no puedes dejar de responder, es como si te lanzaras de clavado al infierno, sin saber cómo y porqué, es el llamado del alma pero aún no lo sabes, porque inicialmente no se te presenta como un canto angelical sino más bien como un caos nunca antes experimentado pero tampoco extraño a tu consciencia, no exento de un inmenso dolor, de un dolor que nunca antes habías sentido, o más bien que no recuerdas, un dolor que te despierta que te dice que la vida como la conocías ya no va más. Sabes que no hay nada que hacer y que tienes que emprender algo “la búsqueda”, pero búsqueda de qué! si todo estaba tan bien, que necesitas entonces buscar, crees que todo eso es pasajero y que solamente te has perdido y que se trata de encontrar el camino de vuelta y nada más. Aun estas ciego, medio atontado por el golpe, aun estás a tientas, como un ciego sin sus gafas, no sabes qué te golpeó tan fuerte, no sabes qué camino tomar y el primer paso es salir a divagar, crees que va a ser “fácil”, crees que tienes las pistas, lo que no sabes es que te vas a perder más y más y entre más insistas en regresar más el mar te va a golpear, no hay retorno, estás obligado a embarcarte y cuando estás en medio de la tormenta te preguntas ¿por qué a mí? ¿Qué pecado cometí? ¿a quién maté? Es un camino al que entre miedo y deseo te vas abriendo, aparentemente no es un camino deseable, pero el alma lo anhela.


Fue en ese preciso instante cuando “me inicié” en la búsqueda, no digo que tenga que ser así para todos, solo que mi experiencia concuerda con el relato de otros buscadores que también se han visto, como dirían los manuales de dramaturgia clásica, “lanzados a la acción”, es el famoso camino del héroe, que muchos han tomado como referencia del camino espiritual. Lo que me interesa recalcar en este artículo es que ese camino no es opcional, cuando el héroe es llamado, no puede hacer nada para evadir la acción, está obligado a actuar, no es el quien actúa son fuerzas inconscientes, sobre todo familiares las que lo empujan a la acción. Has sido “puesto” es el camino del buscador que se abre ante tus pies y no tienes otra opción que recorrerlo o soportar ese inmenso dolor. Ese llamado vive en ti, en tu inconsciente personal y sobre todo familiar porque el árbol sabe lo que necesita y cuando en una familia surge un buscador es porque éste encarna el deseo de todo el clan de salir de lo conocido e ir hacia adelante que es también el deseo de toda la humanidad junta. Ese proceso no es heroico en la manera en que usualmente concebimos lo heroico, está plagado de trampas impuestas por el mismo árbol y de acciones invisibles no se trata de ir por algo se trata de hacer girar algo adentro para que gire el resto afuera y en otros.

Tengo claro el momento en que fui lanzado, iniciado en el camino de la sombra, tengo claro que fui “obligado” a iniciarme en algo que desconocía y temía precisamente porque lo desconocía, en algo que fue a costa de mi voluntad. Hace 16 años en La Habana Cuba, yo era un inocente joven de 19 años convencido que era el dueño del mundo porque mamá me había convencido de serlo. Creía que el mundo estaba ahí para ser conquistado por mí, que tenía el control de todo y que solo era cuestión de tiempo para convertirme en el rey del mundo. El reycito de mamá. Por ese entonces estudiaba Comunicación Social en la Universidad Javeriana de Bogotá y mi vida no podía ser mejor, tenía todo lo que un joven de mi edad pudiera desear, una novia que me quería, amigos ricos y algunos famosos, una madre que “vivía para mí y veía por mis ojos”, estudiaba en una Universidad prestigiosa, viajaba a lugares exóticos con frecuencia, una vida perfecta y buenas posibilidades de éxito. Cual era entonces la necesidad de meterme en tantos problemas? Porque no podía viajar a Estados Unidos o a la playa como todos los demás y volver a Colombia con ropa y juguetes nuevos de temporada o luciendo un atractivo bronceado? porqué tenía que irme a Cuba en pleno bloqueo económico con todas las prescripciones del peligro y la dificultad que entrañaba, cuales eran esas ganas locas de bajar al infierno? Ni yo mismo lo sabía solo que no podía evitarlo y ante la incredulidad de algunos, los consejos de muchos y las bendiciones de mamá, decidí partir a ese viaje y fue a partir de ese viaje que mi vida cambió radicalmente y hoy después de entenderlo aún no he dejado de meterme en hermosos problemas y de bajar a preciosos infiernos; la diferencia es que ahora lo hago conscientemente, no soy lanzado, me lanzo, no solo lo hago yo sino que inicio y acompaño a bajar a otros, sin ese viaje no sería lo que soy hoy.


Yo iba al Festival de Cine de La Habana y a estudiar Dramaturgia y Guión como parte de mi formación como comunicador social y un primo me pidió el favor de llevar un café colombiano a una mujer que trabajaba en una emisora en La Habana. Cuando llegué a su casa, le entregue el café y me senté en su sala a hablar con ella, el tema de conversación que surgió fue el de los libros de Carlos Castaneda que en esa época, como muchos jóvenes de mi edad, yo me encontraba leyendo ansiosamente. La primera persona que me regaló un libro de Carlos Castaneda años atrás fue un primo, el mismo que me pidió el favor de llevar el café a Cuba “que curiosa coincidencia”.



Cuando comenzamos a hablar de esos temas un pintor oriundo de Cali, Colombia que se hospedaba en la casa de aquella mujer, salió del cuarto donde se encontraba. No había salido antes porque no le interesaba conocerme, hasta que comencé a hablar del tema. Súbitamente se interesó en mí y se ofreció a enseñarme la Cuba que usualmente no le enseñan a los turistas y yo con una mezcla de miedo y deseo accedí a ese “city tour” el cual comenzaba con un homenaje a Santa Bárbara Bendita que iba a ofrecer una Escuela de Danza en la ciudad de la Habana y fue ahí que recibí mi primera iniciación en el camino del héroe. Iniciación en qué? En una espiritualidad muy profunda que incluye el paso por la sombra como paso esencial e ineludible. Hoy día no se mucho de las religiones de origen africano apenas comienzo a aprender y en ese entonces sabía menos, solo cargaba el prejuicio de que esas eran “cosas de negros” y que por ser de negros eran peligrosas y contenían brujería y amarres y solo había escuchado historias de hombres que drogaban o rezaban para obligarlos a casarse con mujeres cubanas y que de esta manera poder salir de Cuba. Yo, entre miedo y deseo me seguí adentrando y recalco que no era dueño de mis actos que en alguna parte de mí siempre fui de la mano de una fuerza inconsciente y otra supraconsciente.



La casa donde se iba a celebrar la ceremonia era como la mayoría de los barrios de La Habana de ese entonces, el recuerdo de un pasado de casa majestuosas que se habían convertido en multifamiliares, en cada casa vivían muchas familias, en lo más álgido del bloqueo económico de EU a Cuba. El sitio del ritual era una casa de esas, antigua de los años 20 o 30, que no conservaba sino su estructura. En el antejardín de esa casa se erigía un altar a Santa Bárbara, ante él, todos mis miedos y prejuicios por pertenecer a una tradición católica y a una familia inconscientemente religiosa salían a flote, ya que el altar contenía comida, frutas, tabaco, dinero, figuras de santos y dioses negros y desconocidos para mí. Lo que hoy me parece fascinante en ese entonces me parecía aterrador porque me encontraba imbuido de religión católica y sin darme cuenta era absolutamente fiel a la religión que me habían heredado mis padres si siquiera ellos saberlo ya que no eran prácticamente pero si llevaban ese peso católico. Hoy, que entiendo la gran bendición que es el camino de la sombra, me doy cuenta también de lo maniquea, infantil e ignorante que es la iglesia católica en la que yo me críe y la cantidad de prejuicios adquiridos con los que se vive sin darse uno cuenta.


Y comenzó el ritual y 4 hombres comenzaron a hacer sonar tambores, al cabo de una hora o menos, los músicos, las bailarinas y bailarines y toda la concurrencia nos encontrábamos en estado de trance, sin haber tomado nada ni bebido nada yo sentía que me despegaba del suelo y que me metía en otro
mundo, tenía visiones al ritmo de las tambores y del culto dionisiaco a Santa Barbara. Era un típico estado de trance que para mí era nuevo ya que nunca había pasado de las borracheras con mis amigos. El hombre que me llevaba me “obligó” a bailar con aquellas personas en trance y a usar collares y después de eso y de que yo con esos actos había abierto canales de consciencia nuevos para mí el hombre dijo las palabras “ya está iniciado”. Yo no sabía qué hacer, había sido víctima de una brujería, pero si yo no sabía nada de eso mi pertenencia a ese mundo, estaba ahora en manos del demonio o de algún maleficio, en ese momento salió de mi algo que desconocía, mis prejuicios, mi ignorancia y mi más profundo catolicismo. A pesar de no ser religioso ya llevaba la religión a cuestas y me estaba perdiendo de una grandiosa iniciación espiritual y de dejarme llevar por la vida y sus regalos y no guiándome por preconceptos y prejuicios heredados de lo bueno y lo malo, todo por mi fidelidad al culto que llevaba en mi inconsciente, para el cual toda esa cultura africana y su riqueza es depreciable.

Aun no entendía en que me había iniciado, me sentía en medio de brujos y de manipuladores que podían hacer conmigo lo que quisieran . El miedo de estar solo, en un país que desconocía y rodeado de tanta “locura”. Finalmente deje que la experiencia me siguiera llevando y les recuerdo que una fuerza era la que me llevaba. Luego del ritual fui a comer a un restaurante donde servían un “plato especial” a los que habíamos hecho parte del ritual y ese si contenía algo que cambió mi percepción habitual totalmente, entre en un estado aumentado de consciencia como le diría Don Juan a Carlos Castaneda. Después de la cena fuimos a un bar y estando allí sentía que todos los que me rodeaban eran demonios, sombras y brujos. Sobra decir que el miedo fue total en todo el tiempo y en cada paso en que viví esta iniciación. En ese entonces no entendía porque no me retiraba y ya, repito que no era dueño de mí mismo y era una fuerza más allá de mí, inconsciente y supraconsiente la que me guiaba. Mi guía se despidió, creo que nunca lo volví a ver después de eso. Y definitivamente esa fue mi iniciación en la sombra la cual hoy honro,
entiendo y agradezco, aunque en su momento no sabía muy bien de que se trataba y de donde había venido hoy la celebro.


Hoy después de analizar mi árbol sé que mi abuelo materno fue un buscador perdido, un loco que terminó en la calle y murió en la miseria. Que a mis padres los unió el fervor comunista y que también fueron buscadores de la libertad que el régimen patriarcal en su máximo furor les prohibía y contra el cual tampoco pudieron hacer más que entregarse y convencerse. Ahora sé porque fui a Cuba, porque me inicié en la sombra y ahora sé a qué búsquedas ajenas estaba obedeciendo y ahora sé cómo mi propia búsqueda puede nutrir mi árbol para que las generaciones venideras tengan libertad de decidir sus propios caminos. Se también que mi primo lo que me entregó fue un legado inconsciente para que saliera adelante más allá de las prohibiciones de origen católico que hoy lo tienen esquizofrénico, cargando de forma negativa la sombra de la familia.

Este tipo de experiencias me han ocurrido a lo largo de toda mi vida y hoy después de muchas iniciaciones, hoy sé que en mi familia hubo más de un miembro que quiso intuitivamente recorrer el camino de la sombra es decir del autoconocimiento y la profundización en el sí mismo y en esa búsqueda se perdieron, tampoco tenían mucho para agarrarse precisamente por el entorno católico en que crecieron para el cual todo este viaje está representado por Satanás, y esa prohibición ya estaba inscrita en su inconsciente. Lo que si se es que ese legado, ese que me entregó un primo, seguro sin darse cuenta, en forma de café colombiano y libros de Castaneda es el camino que hoy recorro y que espero recorrer plenamente para honrar a mis ancestros y ayudar a que mi árbol prospere. Porque después de eso mi vida dio un giro y a pesar del dolor fue como le encontré el verdadero sentido a esto que llamamos vida que hoy para mí no es otra cosa que un camino iniciático. La experiencia del buscador no se adquiere con los títulos, se adquiere con el camino recorrido, sin dejar de reconocer el propio y el de otros y el buscador en algún momento de su búsqueda debe a su vez convertirse en iniciador de aquellos que intuitivamente comienzan a buscar porque carecemos de iniciaciones y rituales iniciáticos, es parte de lo que la religión católica nos ha quitado y en ese proceso no nos ha permitido trascendernos a nosotros mismos, superarnos y crecer, hacernos adultos, pasar a otros niveles de consciencia y principalmente conocer nuestro poder y fuerza espiritual que como seres humanos nos es propia. Para obtener nuestro herencia espiritual todos los santos verdaderos de todos los tiempos y de todas las religiones nos han dejado los rituales y las iniciaciones.

Gabriel R. Ojeda M.


domingo, 8 de diciembre de 2013

CRIANZA PARA GUERREROS. Por Enara Amarillo




La crianza de guerreros nos permite no hacer grandes esfuerzos ni cambios, solo repetir viejos patrones y delegar nuestra realización a nuestros hijos que darán luchas y buscaran satisfacer nuestros deseos a costa de los suyos.

Llenamos su tiempo con actividades y estimulaciones tempranas preparandolos para un mundo que posiblemente ellos no verán del mismo modo. Desactualizados del ahora y ciegos al futuro, imponemos hoy sutilmente un ritmo ajeno, ya heredado en nosotros, que no permite el pare; porque parar es morir, un guerrero no puede parar porque se encuentra con la muerte y en la guerra la muerte significa perder ante el otro que consideramos enemigo, ese enemigo ilusorio que se ha convertido en un policía interno que nos regula y hace que regulemos a nuestros hijos; siempre llenos de argumentos maravillosos damos por alto que parar es vivir, que en esta carrera de guerra contra y a costa de nosotros mismos hemos llegado tan lejos y hemos construido todo un mundo e identidad que parar sería re-formular y quizás destruir para construir lo nuevo, saltar al vacío con los ojos vendados con plena fe en que lo nuevo siempre será mejor, que las tradiciones se acaban así como las familias y se forman nuevas e inaceptable es el cambio para el guerrero que se encierra en su reflejo e ignora que la corriente fluye.

El espacio interno es indispensable para encontrar el don, las aptitudes y habilidades, al llenarnos de habilidades y actividades también para no sentirnos desocupados y a su vez sentir que cumplimos como padres escondemos el valor del ocio y del espacio vacío donde surgen las grandes obras, nos convertimos en autómatas desconectados en constante competencia, así creamos soldados rasos, agentes de un sistema caduco que no tienen tiempo para ser niños.

Encerrados en nuestras creencias y pensamientos corremos y los hacemos correr en competencia con nosotros mismos para que la verdad no nos alcance y mucho menos los alcance a ellos, porque ¿Qué sería de nosotros si nos enfrentamos a nuestra humanidad? ¿Qué será de nosotros si devolvemos la historia y nos damos cuenta que vivimos engañados? ¿Qué pasaría si tan solo paramos y nos preocupamos por encontrar nuestro don? ¿Qué pasaría si nos atrevemos a ser felices simplemente felices como somos y no como quisiéramos ser?

Al no realizarnos perpetuamos la guerra, una guerra que no solo ocurre afuera en nuestros países y en todo el mundo, una guerra que comenzó en casa, una guerra que nos preparó para ser individuos en paquete con talentos estándar y logros que tachamos en lista para no sentirnos perdedores; todos somos parte de la guerra, como guerreros nos codeamos y pisamos activa y pasivamente porque el logro del otro me recuerda mi fracaso, la luz ajena mi sombra y el dolor en los ojos de otro ser humano mi desconexión y mi infamia; porque es más sencillo pasar por el lado del otro pretendiendo que somos únicos sin recordar que en sus ojos reflejamos el miedo a vernos a nosotros mismos, es más sencillo seguir cumpliendo con nuestros deberes vitales para no sentir la nobleza que nos une y nos deja desnudos ante la belleza y simpleza de esta vida, si dejamos de correr podemos quedarnos inmóviles y dar paso a estallar lo que nos une y cambiar el destino, encontrar nuestro Don.

La crianza de guerreros es más sencilla que la de individuos libres que tengan espacio y contención para encontrarse, para expresar “lo bueno y lo malo”, para ser y sin obligaciones hacer lo que nace de su profundidad, mirar para al techo, acostarse o caminar en silencio, saltar o simplemente hacer aparentemente nada, así nacerán las actividades, habilidades, dones y obstáculos; solo para un día darnos cuenta que la guerra solo existe si la perpetuamos y en un “PARE” lograremos la libertad y la paz desaprendiendo y educándonos a nosotros mismos.

viernes, 9 de agosto de 2013

ESPIRITUALIDAD MESTIZA. Por: Gabriel Ojeda Martinez




Cuando los españoles llegaron a América sucedió un hecho de gran relevancia para la historia de la humanidad, el encuentro de dos regiones del mundo y en ese momento nos conocimos, no quiere decir que antes no se hubiera ya transitado de un extremo al otro por el mar y nos hubiéramos ya topado. Solo que este encuentro fue una marca indeleble en la historia, se establece un antes y un después en todo sentido, hubo un reencuentro. Un reencuentro de dos culturas, mundos e historias que seguían su curso y para las cuales este hecho significó una ruptura violenta, un accidente, una herida y una cicatriz mal sanada, que hasta el día de hoy no hemos podido siquiera ver completamente a los ojos, menos entender y superar. Hoy 521 años después no nos hemos podido reponer del todo de este golpe sobre todo porque siempre se nos ha hablado de la gran barbarie que significó el arribo de los españoles y esto funge en nuestro inconsciente cual Cristo crucificado, como una herida abierta no sanada que hasta que no se le atienda no va a cicatrizar para que podamos vivir lo que verdaderamente significó el “descubrimiento de America”: el emocionante encuentro de dos mundos que aún no acaban de aceptar lo que el destino les impuso: la mezcla. Pareciera que darle un lugar en la historia y sanar ese fuerte encuentro es algo que nos supera. Ante la ignorancia del otro y de su rostro, el miedo que produce lo nuevo y el vértigo que genera el cambio, aún no hemos logrado integrarnos como naciones mestizas y ubicarnos en un lugar provechoso para la vida de todos, rico en experiencias y sabiduría como podría ser. De un lado las comunidades indígenas se repliegan sobre si mismas como defensa y protección de sus costumbres ancestrales desde México hasta la Patagonia incluyendo la poca sangre india que aún subsiste en los Estados Unidos; para defenderse a sí mismas del avance del predominio de la razón. De otro lado, las familias mestizas arraigadas en la parte de su origen que corresponde a Europa buscan la manera de volver y recuperar su abolengo, raza, tradiciones y costumbres como un proceso de purificar la sangre, culpando de sus dolores al mestizaje y creyendo que así van a volver al paraíso igual que les ocurre a las comunidades indígenas que cifran su esperanza en las antiguas glorias de los Mayas, Aztecas e Incas como si esos si hubieran vivido en el paraíso y fueran el referente de lo ideal. Algunos otros, ante la evidencia de la caída de la cultura patriarcal no dudan en acercarse a las raíces, a los ancestros, a los indígenas buscando en ellos y en su cosmología y cosmogonía las claves para la sanación del mundo, creyendo que la opción a un mundo en decadencia es el retomar de los usos, tradiciones y costumbres ancestrales.

A esta repliegue miedoso que nos impide integrarnos, caminar hacia adelante y en ese proceso aceptarnos como mezcla de razas e hibrido de culturas se le llama narcisismo cultural, en analogía a aquel ser que solo es capaz de reconocer como válido su propio rostro o en su defecto el que es parecido a él. Es un mecanismo de defensa básico e infantil para no enfrentar el dolor que producen la exclusión, el olvido, el señalamiento. Tiene que ver con exaltar las cualidades propias exageradamente y negar las del otro completamente. Este proceso no es del todo consciente pero opera y se trata entonces de una enfermedad no vista como enfermedad pero que influye notablemente en nosotros y en el desarrollo de la humanidad ya que en lugar de llevarnos hacia adelante, aceptando lo ocurrido y lo producido por el caos, la locura y la mezcla, vamos hacia atrás, replegándonos sobre nosotros mismos y sobre el rostro de lo conocido y cerrándole la posibilidad a lo nuevo que es donde yace lo bueno y lo que nos puede dar las claves del futuro a engendrarse en un lugar que clama por que se le permita ser la nueva tierra: América.

Este proceso inconsciente, movido por el instintivo de conservación no significa otra cosa que la muerte. Algunos “blancos” de América que se creen blancos por vivir al modo occidental o por tener ojos verdes y pelo medianamente rubio, a pesar de claros símbolos de raza indígena en su sangre buscan o más bien anhelan sus orígenes “nobles” en Europa, como quien espera volver a la pureza. Así mismo algunos indígenas mestizos, niegan su sangre procedente de Europa instalándose dentro de lo indígena con fuerza, negando a su vez su aspecto de origen occidental. En fin, en este proceso motivado por el miedo se está cerrando la puerta a que surja algo nuevo, un nuevo germen, nunca antes visto, que reposa en nuestra herencia genética, genealógica y cultural y que yo llamo espiritualidad mestiza y que podría ser el origen del fin de la estupidez de nuestro tiempo. Una mezcla de chamanismo indio y chamanismo europeo, atravesado por la presencia de chamanismo africano muy presente en toda América. Chamanismo entendido como amor por la sabiduría instintiva, primordial y esencial del ser humano que es la que nos puede acercar al verdadero entendimiento de la vida y la felicidad ya que la razón no lo logró y si casi nos lleva al desastre total.


Hoy, después de haber sido un buscador de la verdad por más de 15 años, y después de haber conocido y estudiado a profundidad y desde una perspectiva psicológica y genealógica estos fenómenos y de haber encontrado riquezas inmensas y profundas en todos los lados de la casa, afirmo con plena convicción que lo único que puede ayudarnos como humanidad es una integración verdadera, un esfuerzo a mirar la cara del otro y su dignidad y su camino recorrido y honrarlo a pesar también de sus torpezas y validarlo y tratar de comprender su modo y en ese proceso que pide mucho del individuo, construir la espiritualidad, la economía, la religión, la educación que queremos para el mañana.

Creo que una cultura nueva sin religiones procedentes de occidente y sin relecturas de las viejas civilizaciones indígenas de América es posible si nos embarcamos hacia lo desconocido, cuyo primer tramo del viaje comienza por reconocer el rostro ajeno. No quiere decir que no podamos tomar los orígenes como referente pero siempre mirando al frente creando un espacio nuevo, que es donde puede surgir lo bueno, lo desconocido.

De la mano de la sabiduría pereene, no solamente hacía una aceptación de las diferencias sino también contribuyendo a sanar las heridas que aún no se han curado y que nos mantiene disociados como cultura y sociedad en el ámbito del conocimiento y del acceso a él. Parece que aún no hemos entendido que ninguna cultura tiene acceso al conocimiento absoluto. En mi experiencia personal he visto como algunos psicólogos le restan valor a la medicina tradicional indígena y así mismo he visto chamanes incapaces de tratar ciertos males de sus pacientes por desconocer aspectos que la metagenealogía ya tiene resueltos.   Más allá de toda la barbarie que haya podido ocurrir que nos obligó a unos y a otros a refugiarnos en nosotros mismos y en lo conocido, ocurrió un importantísimo encuentro de culturas y sabidurías “se unió el mundo conocido y si no superamos ese narcisismo cultural nos estamos perdiendo de algo tan valioso como podría ser una medicina que si cure.


Gabriel R. Ojeda M.

Director Corporación Dijoma


Imagen tomada de http://www.florycanto.net/blog/