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domingo, 8 de diciembre de 2013

CRIANZA PARA GUERREROS. Por Enara Amarillo




La crianza de guerreros nos permite no hacer grandes esfuerzos ni cambios, solo repetir viejos patrones y delegar nuestra realización a nuestros hijos que darán luchas y buscaran satisfacer nuestros deseos a costa de los suyos.

Llenamos su tiempo con actividades y estimulaciones tempranas preparandolos para un mundo que posiblemente ellos no verán del mismo modo. Desactualizados del ahora y ciegos al futuro, imponemos hoy sutilmente un ritmo ajeno, ya heredado en nosotros, que no permite el pare; porque parar es morir, un guerrero no puede parar porque se encuentra con la muerte y en la guerra la muerte significa perder ante el otro que consideramos enemigo, ese enemigo ilusorio que se ha convertido en un policía interno que nos regula y hace que regulemos a nuestros hijos; siempre llenos de argumentos maravillosos damos por alto que parar es vivir, que en esta carrera de guerra contra y a costa de nosotros mismos hemos llegado tan lejos y hemos construido todo un mundo e identidad que parar sería re-formular y quizás destruir para construir lo nuevo, saltar al vacío con los ojos vendados con plena fe en que lo nuevo siempre será mejor, que las tradiciones se acaban así como las familias y se forman nuevas e inaceptable es el cambio para el guerrero que se encierra en su reflejo e ignora que la corriente fluye.

El espacio interno es indispensable para encontrar el don, las aptitudes y habilidades, al llenarnos de habilidades y actividades también para no sentirnos desocupados y a su vez sentir que cumplimos como padres escondemos el valor del ocio y del espacio vacío donde surgen las grandes obras, nos convertimos en autómatas desconectados en constante competencia, así creamos soldados rasos, agentes de un sistema caduco que no tienen tiempo para ser niños.

Encerrados en nuestras creencias y pensamientos corremos y los hacemos correr en competencia con nosotros mismos para que la verdad no nos alcance y mucho menos los alcance a ellos, porque ¿Qué sería de nosotros si nos enfrentamos a nuestra humanidad? ¿Qué será de nosotros si devolvemos la historia y nos damos cuenta que vivimos engañados? ¿Qué pasaría si tan solo paramos y nos preocupamos por encontrar nuestro don? ¿Qué pasaría si nos atrevemos a ser felices simplemente felices como somos y no como quisiéramos ser?

Al no realizarnos perpetuamos la guerra, una guerra que no solo ocurre afuera en nuestros países y en todo el mundo, una guerra que comenzó en casa, una guerra que nos preparó para ser individuos en paquete con talentos estándar y logros que tachamos en lista para no sentirnos perdedores; todos somos parte de la guerra, como guerreros nos codeamos y pisamos activa y pasivamente porque el logro del otro me recuerda mi fracaso, la luz ajena mi sombra y el dolor en los ojos de otro ser humano mi desconexión y mi infamia; porque es más sencillo pasar por el lado del otro pretendiendo que somos únicos sin recordar que en sus ojos reflejamos el miedo a vernos a nosotros mismos, es más sencillo seguir cumpliendo con nuestros deberes vitales para no sentir la nobleza que nos une y nos deja desnudos ante la belleza y simpleza de esta vida, si dejamos de correr podemos quedarnos inmóviles y dar paso a estallar lo que nos une y cambiar el destino, encontrar nuestro Don.

La crianza de guerreros es más sencilla que la de individuos libres que tengan espacio y contención para encontrarse, para expresar “lo bueno y lo malo”, para ser y sin obligaciones hacer lo que nace de su profundidad, mirar para al techo, acostarse o caminar en silencio, saltar o simplemente hacer aparentemente nada, así nacerán las actividades, habilidades, dones y obstáculos; solo para un día darnos cuenta que la guerra solo existe si la perpetuamos y en un “PARE” lograremos la libertad y la paz desaprendiendo y educándonos a nosotros mismos.

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