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martes, 2 de junio de 2015

Lo que ve un chamán en un hospital psiquiátrico

Por: Stephanie Marohn y Malidoma Patrice Somé
La chamánica vista de la enfermedad mental
En la vista chamánica, las señales de enfermedad mental indican “el nacimiento de un curandero”, explica Patrice Malidoma Somé. Por lo tanto, los trastornos mentales son las emergencias espirituales, las crisis espirituales, y deben ser considerados como tal, para ayudar al sanador en nacer.
Lo que desde el punto de vista Occidental es visto como enfermedad mental, las personas Dagaralo lo consideran “buenas noticias desde el otro mundo”. La persona que está en crisis ha sido elegida como un medio para un mensaje a la comunidad, que necesita ser comunicado desde elreino espiritual. El “Trastorno mental, y el trastorno del comportamiento de todo tipo, es señal del hecho de que dos energías obviamente incompatibles se han fusionado en el mismo campo”, dice la Dra. Somé. Estas perturbaciones se producen cuando la persona no recibe ayuda, para tratar con la presencia de la energía del reino espiritual.
Una de las cosas que la Dra. Somé encontró, cuando llegó por primera vez a los Estados Unidos en 1980 para estudios de postgrado, fue cómo este país se ocupa de la enfermedad mental. Cuando un compañero de estudios fue enviado a un instituto mental debido a “depresión nerviosa” y la Dra. Somé fue a visitarlo.
“Yo estaba tan sorprendida. Esa fue la primera vez que me trajeron cara a cara con lo que se hace aquí a las personas que presentan los mismos síntomas que he visto en mi pueblo”. Lo que impacto la Dra. Somé fue que la atención prestada a estos síntomas se basa en la patología, en la idea de que la condición es algo que tiene que parar. Esto iba en completa oposición a la forma en que su cultura considera tal situación. Al mirar alrededor de la sala de marcado en los pacientes, algunos con camisas de fuerza, algunos divididos en zonas con medicamentos, otros gritando, sedijo a sí mismo: “Así es como los sanadores que están tratando de nacer, se tratan en esta cultura. ¡Qué pérdida! ¡Qué pérdida que una persona que finalmente se está alineando con un poder de otro mundo se esté desperdiciando!”.
Otra forma de decir esto, que puede tener más sentido para la mente occidental, es que en Occidente no estamos entrenados en cómo tratar o incluso enseñar a reconocer, la existencia de los fenómenos psíquicos, el mundo espiritual. De hecho, las habilidades psíquicas son denigradas. Cuando las energías del mundo espiritual emergen en una psique occidental, ese individuo está completamente equipado para integrarlos, o incluso reconocer lo que está sucediendo. El resultado puede ser aterrador. Sin el contexto adecuado para la asistencia que permita lidiar con el avance de otro nivel de realidad, para todos los propósitos prácticos, la persona es una locura. Una pesada dosificación con medicamentos anti-psicóticos agrava el problema, y evita la integración que podría conducir al desarrollo del alma, y al crecimiento de la persona que ha recibido estas energías.
En la sala mental, la Dra. Somé vio una gran cantidad de “seres” que cuelgan alrededor de los pacientes, “entidades” que son invisibles para la mayoría de la gente, pero que los chamanes y videntes son capaces de ver. “Ellos estaban causando la crisis en estas personas”, dijo. Le parecía que estos seres estaban tratando de conseguir los medicamentos y sus efectos fuera de los cuerpos de las personas, que los seres estaban tratando de fusionarse con ellos, y aumentaban el dolor de los pacientes en el proceso. “Los seres estaban actuando casi como una especie de excavadora en el campo de la energía de las personas. Eran realmente feroces con eso. Las personas a las que les estaban haciendo eso, solo  gritaban y gritaban”, dijo. Ella no podía quedarse en ese ambiente y tuvo que abandonarlo.
En la tradición Dagara, la comunidad ayuda a la persona a conciliar las energías de ambos mundos: “el mundo del espíritu con que él o ella se fusionan, y el pueblo y la comunidad”. Esa persona es capaz entonces de servir de puente entre los mundos, y ayudar a los vivos con la información y la curación que necesitan. Así, la crisis espiritual termina con el nacimiento de otro sanador. “La relación del otro mundo con nuestro mundo es una de patrocinio,” explica la Dra. Somé. “Muy a menudo, los conocimientos y habilidades que se derivan de este tipo de fusión, son un conocimiento o una habilidad que se proporciona directamente desde el otro mundo”.
Los seres que fueron aumentando el dolor de los internos en el hospital mental, en realidad estaban tratando de fusionarse con los internos, con el fin de obtener los mensajes a través de este mundo. Las personas que habían escogido para fusionarse, no estaban recibiendo ninguna ayuda en el aprendizaje de cómo ser un puente entre los mundos, y los intentos de los seres para fusionarse fueron frustrados. El resultado fue el sostenimiento de la enfermedad inicial de la energía, y el aborto del nacimiento de un sanador.
“La cultura occidental ha ignorado sistemáticamente el nacimiento del curandero”, afirma la Dra. Somé. “En consecuencia, habrá una tendencia desde el otro mundo a seguir intentándolo, con tantas personas como sea posible, en un intento de llamar la atención de alguien. Tienen que esforzarse más”. Los espíritus se sienten atraídos por personas cuyos sentidos no han sido anestesiados. “La sensibilidad es más o menos leída como una invitación a entrar”, señala.
Los que desarrollan los llamados trastornos mentales son aquellos que son sensibles, que se ve en la cultura occidental como hipersensibles. Las culturas indígenas no lo ven de esa manera y, como resultado, las personas sensibles no se observan a sí mismos como demasiado sensibles. En Occidente, “es la sobrecarga de la cultura en la que están, que simplemente los destroza”, observala Dra. Somé. El ritmo frenético, el bombardeo de los sentidos, y la energía violenta que caracterizan a la cultura occidental, puede abrumar a las personas sensibles.

La esquizofrenia y la energía exterior

Con la esquizofrenia, hay una especial “receptividad a un flujo de imágenes e información, que no se puede controlar”, declaró la Dra. Somé. “Cuando este tipo de avalancha se produce en un momento si haberlo elegido, y en particular cuando se trata de imágenes que dan miedo y son contradictorias, la persona entra en un frenesí”.
Lo que se requiere en esta situación es, primero separar la energía de la persona, de las energías extranjeras extrañas, mediante el uso de la práctica chamánica (lo que se conoce como un barrido) para borrar factores externosdel aura de la persona. Con su campo de energía limpio, la persona ya no recoge una avalancha de información, y por lo tanto ya no tiene razón de estar asustado y perturbado, explica la Dra. Somé.
Entonces es posible ayudar a la persona, a que se alinee con la energía del espíritu que esta intentando llegar a través del otro mundo, y dar a luz a la curandera. El bloqueo de ese nacimiento es lo que crea problemas. “La energía del sanador es una energía de alto voltaje”, observa. “Cuando está bloqueado, sólo quema a la persona. Es como un corto circuito. Los fusibles se funden. Es por esto que puede ser realmente aterrador, y entiendo por qué esta cultura prefiere confinar a estas personas. Aquí están gritando y gritando, y son puestos en una camisa de fuerza. Esa es una imagen triste. “Una vez más, el enfoque chamánico es trabajar en la alineación de las energías para que no haya bloqueo, “la fusión” no está sucediendo y la persona puede llegar a ser el sanador que está destinado a ser.
Es necesario señalar en este punto, sin embargo, que no todos los seres espirituales que entran en el campo energético de una persona, están allí a los efectos de promover la curación. Hay energías negativas, que son presencias indeseables en el aura. En esos casos, el enfoque chamánico es eliminarlos del aura, en lugar de trabajar para alinear las energías discordantes.

Alex: Loco en los EE.UU., sanador en África

Para probar su creencia en el mundo occidental de que la visión chamánica de la enfermedad mental es cierta, así como en las culturas indígenas, la Dra. Somé llevo a un enfermo mental de vuelta a África con él, a su pueblo. “Me decidí por mi propia curiosidad de saber si hay algo de verdad en la universalidad,  que indique que la enfermedad mental podría estar conectada con una alineación con un ser de otro mundo”, dice la Dra. Somé.
Alex era un joven de 18 años de edad, estadounidense que había sufrido un brote psicótico cuando tenía 14 años. Él tenía alucinaciones, era suicida, y atravesó ciclos de depresión severa peligrosamente. Se encontraba en un hospital psiquiátrico, y le habían dado un montón de drogas, pero nada lo ayudaba. “Los padres habían hecho todo sin éxito,” dice la Dra. Somé. “Ellos no sabían qué más hacer”.
Con su permiso, la Dra. Somé llevo a su hijo a África. “Después de ocho meses allí, Alex se había vuelto bastante normal, informa la Dr. Somé. Incluso fue capaz de participar con los curanderos en el negocio de la curación; sentarse con ellos durante todo el día y ayudarlos en lo que estaban haciendo con sus clientes, pasó cuatro años en mi pueblo. “Alex se quedó por elección, no porque necesitaba más la curación”. Se sentía “mucho más seguro en el pueblo que en América”.
Para poner su energía y la del ser de la esfera espiritual en alineación, Alex pasó por un ritual chamánico diseñado para ese propósito, aunque era un poco diferente del utilizado por el pueblo Dagara. “Él no nació en el pueblo, así que otra cosa aplica. Pero el resultado fue similar, a pesar de que el ritual no era, literalmente, el mismo”, explica la Dra. Somé. El hecho de que la alineación de la energía funciono para sanar a Alex le demostró a la Dra. Somé, que la conexión entre los demás seres y las enfermedades mentales, es de hecho universal.
Después del ritual, Alex comenzó a compartir los mensajes que el espíritu tenía para este mundo. Por desgracia, las personas con la que estaba hablando no hablaban inglés (la Dra. Somé estaba ausente en ese momento). Sin embargo,  la experiencia llevó a Alex a ir a la universidad para estudiar psicología. Regresó a los Estados Unidos después de cuatro años porque “descubrió que todas las cosas que tenía que hacer se habían hecho, y entonces podía seguir adelante con su vida”.
Lo último que la Dra. Somé escuchó, fue que Alex estaba en la escuela de postgrado de psicología en Harvard. Nadie habría pensado que iba a ser capaz de completar los estudios de pregrado, y mucho menos obtener un grado avanzado.
La Dra. Somé resume que la enfermedad mental de Alex se trataba de que: “Él estaba surgiendo. Fue una llamada de emergencia. Su trabajo y su propósito era ser un sanador. Él dijo que nadie estaba prestando atención a eso”.
Después de ver lo bien que el enfoque chamánico funciono para Alex, la Dra. Somé concluyo que los seres espirituales son tanto un problema en Occidente como en su comunidad en África. “Sin embargo, la pregunta permanece, la respuesta a este problema se debe encontrar aquí, en lugar de tener que ir todo el camino al extranjero para buscar la respuesta. Tiene que haber una manera en la que un poco de atención vaya más allá de la patología de toda esta experiencia, y conduzca a la posibilidad de dar con el ritual adecuado para ayudar a la gente.

Anhelo de Conexión Espiritual

Un hilo común que la Dra. Somé ha notado en los trastornos “mentales” en Occidente es una “muy antigua energía ancestral que se ha colocado en estasis, que por fin está saliendo en la persona”. Su trabajo, entonces es trazar de nuevo y retroceder en el tiempo para descubrir lo que el espíritu es. En la mayoría de los casos, el espíritu está conectado a la naturaleza, sobre todo en las montañas o grandes ríos, dice.
En el caso de las montañas, como un ejemplo para explicar el fenómeno, “es un espíritu de la montaña que está caminando al lado de la persona y, como resultado, crea una distorsión del espacio-tiempo que está afectando a la persona atrapada en ella”. Lo que se necesita es una fusión o la alineación de las dos energías,“con lo que la persona y el espíritu de la montaña se convierten en uno”. Una vez más, el chamán realiza un ritual específico para llevar a cabo esta alineación.
La Dra. Somé cree que se encuentra con esta situación tan a menudo en los Estados Unidos debido a que “la mayor parte de la trama de este país se compone de la energía de la máquina, y el resultado de ello es la desconexión y la ruptura del pasado. Se puede huir del pasado, pero no se puede ocultar de él. El espíritu ancestral de la naturaleza viene de visita. No es tanto lo que el espíritu quiere, sino lo que la persona quiere”, dice. “El espíritu ve en nosotros una llamada a algo grande, algo que va a hacer la vida más significativa, por lo que el espíritu es la respuesta a eso”.
Esa llamada, que ni siquiera sabemos que la estamos haciendo, refleja “un fuerte anhelo de una conexión profunda, una conexión que trasciende el materialismo y la posesión de las cosas, y se mueve en una dimensión cósmica tangible. La mayor parte de este anhelo es inconsciente, pero para los espíritus, conscientes o inconscientes, no hace ninguna diferencia”. Ellos responden a cualquiera.
Como parte del ritual de fusionar la montaña y la energía humana, los que están recibiendo la “energía de la montaña” son enviadas a una zona de montaña de su elección, donde recogen una piedra que los llame. Traen esa piedra consigo para el resto del ritual y luego la mantienen como una compañera; algunos incluso se la llevan con ellos. “La presencia de la piedra hace mucho en afinar la capacidad perceptiva de la persona”, señala la Dra. Somé. “Ellos reciben todo tipo de información de la que puedan hacer uso, así que es como si consiguieran alguna orientación concreta del otro mundo en cuanto a cómo vivir su vida”.
Cuando es la “energía del río”, las personas están siendo llamadas a ir al río y, después de hablar con el espíritu del río, encuentran una piedra de agua y regresan a recibir el mismo tipo de ritual que con el espíritu de la montaña.
“La gente piensa que es algo extraordinario que se debe hacer en una situación extraordinaria como ésta”, dice. Eso no es generalmente el caso. A veces es tan simple como buscar una piedra.

Un Ritual Sagrado como enfoque para la enfermedad mental

Uno de los regalos que un chamán puede traer al mundo occidental es ayudar a la gente a redescubrir el ritual, que esta tristemente deficiente. “El abandono del ritual puede ser devastador. Desde el punto de vista espiritual, el ritual es inevitable y necesario si se quiere vivir”, la Dra. Somé escribe en Ritual: Poder, Sanación y comunidad. “Decir que se necesita el ritual en el mundo industrializado es un eufemismo. He visto en mi propia gente que probablemente, es imposible vivir una vida sana sin él”.
La Dra. Somé no sentía que los rituales de su pueblo tradicional simplemente podrían ser transferidos a Occidente, por lo que con sus años de trabajo chamánico aquí, ella ha diseñado rituales que satisfagan las necesidades, tan diferentes de esta cultura. Aunque los rituales cambian de acuerdo a la persona o el grupo involucrado, se encontró con que hay una necesidad de ciertos rituales en general.
Uno de ellos consiste en ayudar a las personas a descubrir que su angustia viene del hecho de que están siendo “llamados por seres de otro mundo, a cooperar con ellos, en hacer un trabajo de curación”.El ritual les permite salir de la angustia y aceptar ese llamado.
Otro ritual necesario se refiere a la iniciación. En las culturas indígenas de todo el mundo, los jóvenes se inician en la edad adulta, cuando llegan a una cierta edad. La falta de dicha iniciación en Occidente es parte de la crisis que la gente tiene aquí, dice la Dra. Somé. Se insta a las comunidades a reunir “las personas creativas que han tenido este tipo de experiencia, en un intento de llegar a algún tipo de ritual alternativo que, al menos, comience a hacer un hueco en este tipo de crisis”.
Otro ritual que se menciona en varias ocasiones a los que vienen con la necesidad de ayuda, implica hacer una hoguera, y luego poner en la hoguera “artículos que sean un símbolo de problemas hallados en el interior de las personas, podrían ser los problemas de ira y frustración en contra de un antepasado, que ha dejado un legado de asesinato y esclavitud, o nada, cosas con las que el descendiente tiene que vivir”, explica. “Si estos están bloqueando la imaginación humana, el propósito en la vida de la persona, e incluso la opinión de la persona de la vida, como algo que puede mejorar, entonces tiene sentido empezar a pensar en términos de cómo a su vez desbloquear esa carretera puede conducir a algo más creativo y más satisfactorio”.
El ejemplo de los problemas con un antepasado necesita rituales diseñados por la Dra. Somé que abordan una disfunción grave en la sociedad occidental, y en el proceso de “disparar la iluminación” en los participantes. Estos son los rituales ancestrales, y la disfunción que dirigen a la masa de inflexión sobre los antepasados. Algunos de los espíritus que intentan atravesar, como se ha descrito anteriormente, pueden ser  “antepasados ​​que quieren fusionarse con un descendiente en un intento de curar lo que no fueron capaces de hacer, mientras que estaban en su cuerpo físico”.
“A menos que la relación entre los vivos y los muertos este en equilibrio, el caos surgirá“, dijo. “Los Dagara creen que si existe un desequilibrio como este,  es el deber de los vivos sanar a sus antepasados. Si estos antepasados ​​no se curan, su energía enferma perseguirá las almas y mentes de aquellos que son responsables de ayudarlos. “Los rituales se centran en la curación de la relación con nuestros antepasados, tanto las cuestiones específicas de un antepasado como los aspectos culturales más grandes contenidos en nuestro pasado.La Dra. Somé ha visto suceder una extraordinaria curación en estos rituales.
Tomar un ritual sagrado como enfoque ante una enfermedad mental, más que ver a la persona como un caso patológico da a la persona afectada, y de hecho a la comunidad en general, la oportunidad de empezar a mirar desde este punto de vista, lo que conduce a “un sin fin de oportunidades y la iniciativa ritual que puede ser muy, muy beneficiosa para todos los presentes”, afirma la Dra. Somé.
Extraído de: La Guía de Medicina Natural para la esquizofrenia, o la guía de la medicina natural para el Trastorno Bipolar, páginas 178-189, Stephanie Marohn (con Malidoma Patrice Somé).
Créditos: Republicado aquí con permiso de Waking Times
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martes, 19 de mayo de 2015

Mito de Dijoma o la metamorfosis del hombre-serpiente-águila

FERNANDO URBINA RANGEL

Profesor - Universidad Nacional de Colombia

La versión que aquí presento la obtuve de don José García, abuelo muinane, por el año de 1976 en las proximidades de Leticia. En atención a la concurrencia, utilizó el uitoto (dialecto búe) y lo tradujo al castellano en compañía de su hijo José Octavio. Se conocía otra variante mucho más sucinta (I.L.V., 1974: 156, ss.) y muchas informaciones al respecto en la obra de Girard (1958: 69, s.). Merece destacarse la excelente y extensa recopilación hecha por Preuss (1921: 219, ss.) no sólo de este relato sino de muchos otros, obra que realizó a comienzos de siglo; aparte de sus interpretaciones, prisioneras de la teoría Panlunarista, la obra resulta la mejor compilación de esta mitología, al menos entre las hasta ahora publicadas.
 

 
Existen numerosas variantes de este relato en muchas otras naciones amazónicas y orinocenses, incluso con sorprendentes similitudes en pueblos tan alejados geográfica y culturalmente como son los grupos chocóes de la región pacífica, los paeces del Cauca y los mayas y aztecas.
Dijoma es un gran cacique. Quiere seguir el 'estudio', el 'camino' de la boa de agua -anaconda- con el fin de saber qué hay en el mundo acuático. Dentro del proceso de aprendizaje infringe la dieta sexual. Aquello serpentino que ya se había formado en él, cae de su frente durante el baño, sin que el irresponsable aprendiz se percate de ello, y se convierte en una culebrita que posteriormente encuentran sus hijas en la quebrada. Llevan el animal a la casa y lo depositan en forma sucesiva en diferentes recipientes vacíos, cada vez más grandes, los cuales terminan rebosantes de agua, pues esa víbora es la 'dueña del agua'. Luego, puesta en un hoyo en el patio de la maloca, lo va agrandando hasta convertirlo en una gran laguna. La más hermosa de las hijas de Diijoma alimentaba a la culebra con bolas de almidón de yuca. El día en que el ostentoso cacique celebra un baile ritual para hacer conocer de toda la gente la mascota de sus hijas, el animal devora a su cuidandera junto con el almidón que ésta le ofrece. Diijoma, resuelto a vengar a su hija y a recuperar los collares que ella luciera el día de la tragedia, y en los cuales reside su poder como cacique, se deja devorar por la bestia. Recupera los tesoros y procede a rasgar lentamente el costado de la sierpe. Sufre al hacerlo porque a quien hiere es a su propio espíritu. El animal inicia un largo recorrido hasta llegar al mar. En este pasaje devora muchas gentes que viajan con sus respectivos productos hortícolas y bebe de todas las aguas con la intención de ahogar a su verdugo. Del mar regresa agonizante; del mar del oriente. Llega al sitio de partida donde el vengador concluye su labor dándole muerte para luego salir por el costado roto. Muchos de los episodios de este largo viaje sirven para nominar ríos y lugares, codificando el territorio. La hija superviviente convence a su padre para repartir segmentos del ofidio; las gentes al recibirlos obtienen de paso sus nombres como naciones: serán los mirañas, los boras, los uitotos, los diversos grupos muinanes, los brasileños, los peruanos, los colombianos, los gringos, los enanos.., todos los pueblos. El vindicador siembra la yuca cuyos esquejes había almacenado la boa en su panza, y continúa planeando venganzas. La infidelidad de su mujer durante tan larga ausencia (ciclo anual) lo impulsa a la siguiente metamorfosis, esta vez sí lograda a cabalidad: se convertirá en águila con el concurso de la paloma quien lo instruye en los secretos del vuelo. Empolla un huevo, hecho con el almidón de la yuca que la anaconda llevaba en su vientre. Los esquejes que ha plantado, poco a poco dan lugar a una gran ceiba; en sus ramas confecciona el nido. Al nacer la cría, la alimenta con presas humanas, comenzando por el amante de su mujer y continuando con casi todas las gentes de la tribu de ésta, para luego extender la vindicta a los miembros de la propia comunidad y, posteriormente, a otras naciones. Reunidos los sobrevivientes y poseídos algunos de ellos por el espíritu avizor del yajé, descubren la causa de sus males y planean la destrucción del comegente. Vencido al fin con la ayuda de su hija, despedazan su cuerpo y, siguiendo las instrucciones del propio gavilán, con los miembros fabrican los instrumentos y atuendos utilizados en la ceremonia del yáadiko, el palo ahuecado que representa la Canoa- serpiente, el tronco de la yuca, el principio serpentino de la creación, el origen de las tribus, el pilar invisible de la casa-templo comunal.
Los abuelos consejeros echan mano de este complejo relato en muchas circunstancias: el humano pertenece a la comunidad que tiene su ámbito propio en la maloca, el espacio humanizante por excelencia, donde se afirma la existencia comunitaria; no es lo propio del hombre estar tratando de volverse animal, dejando su puesto, y recurriendo al acto muy individualista de la brujería; el hombre encuentra en el animal su interlocutor pero no debe hacerse como él, y en el caso extremo de intentarlo ha de cumplir con todas las prescripciones hasta el final, sin dejar cabos sueltos; a fuerza de no contar con los otros, a fuerza de radicalizar el sí mismo, Diijoma sufre y perece: no es un ser del mundo de arriba -águila-, ni de abajo -serpiente-, es un ser para vivir en la comunidad de los hombres en donde finalmente queda repartido, integra do. Todo en este mito es circular como los mismos anillos de la sierpe.

Más que Coca Mambe. Documental Completo





miércoles, 22 de abril de 2015

La comunicación carismática



Es un mito que el carismático es solo un privilegiado que logró la clave para cautivar y sin ningún esfuerzo obtener lo que quiere. El carisma es de todos.


Siempre hemos escuchado hablar sobre la comunicación, sobre los problemas en la forma de comunicarnos, sobre cómo saber comunicarse es la clave para una sociedad más armónica y menos violenta.

Estamos acostumbrados a tener la razón, a tener el mejor argumento, generar el mejor debate y lastimosamente todo esto basado en un gana-pierde: yo hablo mejor que tú, porque soy más educado que tú, porque tengo más títulos que tú, porque gano más dinero que tú, no cometo tantos errores como tú… infinitos argumentos que muy legalmente se han acomodado en nuestra idiosincrasia y cultura, son parte de nuestras dinámicas familiares y de nuestras “metas” por alcanzar en la vida.
Estamos acostumbrados a un lenguaje guerrerista, a hablar duro para ser escuchados y golpear con nuestra voz para poder hacernos un lugar en el mundo. Es aquí donde la comunicación carismática y la escucha profunda deberían irrumpir, para des.acostumbrarnos de esa violencia comunicacional.
Tenemos que ser capaces de poder hablar desde el punto más genuino, poder hacer una pausa y expresar lo que somos a pesar de los miedos que se aparecen, porque cuando hacemos una pausa sabemos si entrar en discusiones es realmente necesario, quizás lo que me causaba tanto afán emprender no debe ir tan de prisa, puedo escuchar al otro profundamente sin esperar con impaciencia a que termine de hablar para poder decir lo que tengo que decir.
Es momento de decir lo que pienso y siento realmente, desde un lugar más honesto y tranquilo sin tener que dañar o aplastar el sueño de otro para realizar el mío, esto no quiere decir que la comunicación carismática carezca de momentos álgidos, donde las emociones se enredan, los tonos se suben, es precisamente ahí donde más se usa.
Esta “comunicación carismática” debe entrar en la cotidianidad, porque es una gran puerta a esa red común que nos acerca al trabajo en colectivo, nos acerca al puerto en que podamos finalmente celebrar, recoger la experiencia vivida y reconocernos.
Vernos como individuos auténticos comienza a tener sentido, porque cuando no estamos jugando a ganar y perder la concepción del trabajo cambia, los sueños son más genuinos y las potencialidades surgen con más naturalidad y autenticidad, nos escuchamos con más atención y podemos expresarnos con más carisma, el que es natural en todos los seres humanos, es un mito que el carismático es solo un privilegiado que logro la clave para cautivar y sin ningún esfuerzo obtener lo que quiere. El carisma es de todos, no hay que competir por él, ni desarmonizarnos en ese proceso, en una pausa podemos encontrar nuestro punto más carismático y traspasarlo a nuestro lenguaje, que ojala sea siempre un puente entre esa parte sutil de nosotros mismos y el “mundo exterior” con el cual me quiero comunicar.

domingo, 15 de marzo de 2015

Que el mundo lo sepa. La mata que no mata.


El caracter sagrado del dinero. Sobre la publicación del libro La Economía Sagrada de Charles Eisenstein

Economía Sagrada — Introducción


Introducción
El propósito de este libro es lograr que el dinero y la economía humana sean tan sagrados, como todo lo demás en el universo.
Hoy asociamos el dinero con lo profano, y por buenas razones. Si algo es sagrado en este mundo, seguramente no es el dinero. El dinero parece ser el enemigo de nuestros mejores instintos, como se hace evidente cada vez que la idea de “no puedo permitirme el lujo de” impide un impulso hacia la bondad o la generosidad. El dinero parece ser el enemigo de la belleza, como el término despectivo “vende patrias” demuestra. El dinero parece ser el enemigo de toda reforma social y política digna, cuando el poder corporativo guía la legislación hacia el engrandecimiento de sus propios beneficios. El dinero parece estar destruyendo la tierra, conforme saqueamos los océanos, los bosques, el suelo, y cada una de las especies para nutrir una codicia que no tiene fin.
Desde el momento en que Jesús echó a los cambistas del templo, tenemos la sensación de que hay algo profano en el dinero. Cuando los políticos buscan el dinero en vez del bien público, los llamamos corruptos. Adjetivos como “sucio” y “mugroso” describen de manera natural el dinero. Se supone que los monjes tienen poco que ver con este: “No podéis servir a Dios ya a Mammón”.”
Al mismo tiempo, nadie puede negar que el dinero también tiene con una cualidad misteriosa, mágica, el poder de alterar el comportamiento humano y coordinar la actividad humana. Desde tiempos antiguos los pensadores se han maravillado de la capacidad de una simple marca pueda conferir este poder a un disco de metal o a una hoja de papel. Por desgracia, observando al mundo que nos rodea, es difícil evitar la conclusión de que la magia del dinero es una magia negra.
Obviamente, si hemos de hacer del dinero algo sagrado, nada menos que una completa revolución del dinero será suficiente, una transformación de su naturaleza esencial. No es sólo nuestra actitud hacia el dinero que debe cambiar, como algunos gurús de autoayuda nos quieren hacer creer, sino que crearemos nuevos tipos de dinero que encarnan y refuerzan un cambio de actitud. La Economía Sagrada describe ese dinero nuevo y la nueva economía que se aglutinan en torno a ella. También explora la metamorfosis de la identidad humana que es tanto una causa como una consecuencia de la transformación del dinero. Los cambios de actitud de los cuales hablo llegan a la parte medular de lo que es ser humano: incluyen la comprensión del propósito de la vida, el papel de la humanidad en el planeta, la relación del individuo con la comunidad humana y natural; incluso lo que es ser un individuo, un yo. Después de todo, experimentamos al dinero (y propiedad) como una extensión de nosotros mismos, por lo que el pronombre posesivo “mío” que lo describe, es el mismo pronombre que utilizamos para identificar a nuestros brazos y nuestra cabeza. Mi dinero, mi coche, mi mano, mi hígado. Considerar también el sentido de violación que sentimos cuando nos roban o despojan como si se hubiera tomado una parte de nosotros mismos.
Una transformación de lo profano a la santidad del dinero, algo tan profundamente parte de nuestra identidad, algo tan fundamental para el funcionamiento del mundo, en realidad tendría efectos profundos. Pero ¿qué significa que el dinero, o cualquier otra cosa, sea sagrado? Es en un sentido estricto lo contrario de lo que termino sagrado ha llegado a significar. Durante miles de años, los conceptos de lo sagrado, santo y divino se han atribuido cada vez más a algo separado de la naturaleza, del mundo y la carne. Hace tres o cuatro mil años los dioses iniciaron una migración desde los lagos, bosques, ríos, y montañas hacia el cielo, convirtiéndose en los amos imperiales de la naturaleza en lugar de su esencia. A medida que la divinidad se ha separado de la naturaleza, así también llego a convertirse en pecado involucrase demasiado en los asuntos del mundo. El ser humano pasó de ser una viva alma encarnada en una envoltura profana, a un mero receptáculo del espíritu, que culmino en la observación Cartesiana de la conciencia como observadora del mundo, pero no participante en ella, y el de Newton – Dios como relojero – haciendo lo mismo. Ser divino era ser sobrenatural, no material. Si Dios participaba en el mundo en alguna forma, era por medio de milagros, intercesiones divinas que violaban o sustituían las leyes de la naturaleza.

Paradójicamente, esta cosa separada, abstracta, llamada espíritu, es lo que se supone supone que anima al mundo. Pregúntele a la persona religiosa lo que cambia cuando una persona muere, y ella dirá que el alma ha abandonado el cuerpo. Pregúntele que hace caer la lluvia y soplar al viento, y ella dirá que es Dios. Sin duda, Galileo y Newton parecían haber eliminado a Dios de los funcionamientos cotidianos del mundo, explicando que el mudo era como un reloj de una enorme máquina de una fuerza y ​ masa impersonal, pero aún así sigue siendo necesario que exista un relojero para darle cuerda al principio, para imbuir al universo con la energía potencial que lo ha hecho funcionar desde entonces. Este concepto permanece hoy en día con nosotros como el Big Bang, un acontecimiento primordial que es la fuente de la “entropía negativa”, que permite el movimiento y la vida. En cualquier caso, la noción de nuestra cultura de espíritu es el de algo separado y que no es parte de este mundo, que milagrosamente aún puede intervenir en los asuntos materiales, y que incluso anima los y dirige de alguna manera misteriosa.
Es sumamente irónico y muy significativo que lo único en el planeta más parecido a este concepto, que renuncia a lo divino, es el dinero. Es una fuerza invisible, inmortal, que rodea y dirige todas las cosas, omnipotente y sin límites, una “mano invisible” que, se dice, hace funcionar a todo el mundo. No obstante, el dinero hoy en día es una abstracción, cuando mucho, solo símbolos en una hoja de papel, pero generalmente sólo símbolos en una computadora. Existe en un reino muy lejos de lo material. En ese ámbito, está libre de las leyes más importantes de la naturaleza, ya que no se descompone y vuelve a la tierra como todo lo demás, pero en cambio se conserva , inmutable, en sus bóvedas y los archivos de computadoras, incluso cada vez mayor con el tiempo gracias a los intereses. Lleva propiedades de preservación eterna y el aumento eterno, los cuales son profundamente antinaturales. La sustancia natural que mas se aproxima a estas propiedades es el oro, que no se oxida, mancha, o descompone. En épocas tempranas, el oro fue utilizado, como dinero y como una metáfora para el alma divina, que es incorruptible e inmutable.
La propiedad divina del dinero como abstracción, de desvinculación con el mundo real de las cosas, llegó a su extremo en los primeros años del siglo XXI cuando la economía financiera perdió su amarre en la economía real y tomó vida propia. Las grandes fortunas de Wall Street son ajenas a cualquier producción material, aparentemente existen en un reino independiente.
Observando desde las alturas del Olimpo, los financieros se llaman a sí mismos “amos del universo”, canalizando el poder del dios que sirvió para llevar a la fortuna o a la ruina de las masas, para, literalmente, mover montañas, arrasar bosques, cambiar el curso de los ríos, lograr el auge y la caída de naciones. Pero pronto el dinero demostró ser un dios caprichoso. Mientras escribo estas palabras, parece que los rituales cada vez más frenético que el sacerdocio financiero utiliza para aplacar a los dioses del dinero son en vano. Al igual que el clero de una religión moribunda, exhorta a sus seguidores a mayores sacrificios mientras culpan de sus desgracias, ya sea al pecado (los banqueros codiciosos, los consumidores irresponsables) o a los caprichos misteriosos de Dios (los mercados financieros). No obstante, algunos ya están culpando a los propios sacerdotes.
Lo que llamamos recesión, una cultura anterior podría haberlo llamado “Dios abandonando el mundo.” El dinero está desapareciendo, y con ella otra propiedad del espíritu: la fuerza que anima el reino de los humanos. Al redactar esta líneas, en todo el mundo las máquinas están ociosas. Las fábricas están paralizadas, equipos de construcción se encuentran abandonadas en el campo, se están cerrando parques y bibliotecas, y millones están hambrientos y sin hogar, mientras que las viviendas están desocupadas y se la comida se pudre en los almacenes. No obstante, todavía existen todos los insumos humanos y materiales para construir las casas, distribuir los alimentos, y operar las fábricas. Es más bien algo inmaterial, el espíritu de animación, que ha fallado. Lo que se ha ido es el dinero. Eso es lo único que falta, por lo insustancial (en forma de electrones en las computadoras) que difícilmente se puede decir que existe, sin embargo, tan poderoso que, sin ello, la productividad humana se detiene. Así, en lo individual, podemos observar los efectos desmotivadores de la falta de dinero. Considere el estereotipo del hombre desempleado, casi en quiebra, encorvado frente al televisor, en camiseta, bebiendo una cerveza, y casi sin poder levantarse de su silla. El dinero, al parecer, anima a las personas, al igual que a las máquinas. Sin el estamos desanimados.
No nos damos cuenta que nuestro concepto de lo divino ha atraído a un dios que se ajusta a ese concepto, y le ha dado la soberanía sobre la tierra. Al divorciar al alma de la carne, el espíritu de la materia, y a Dios de la naturaleza, hemos instalado un poder dominante que es impersonal y controlador, impío, y no natural. Así que, cuando hablo de convertir el dinero en algo sagrado, no estoy invocando un agente sobrenatural para infundir santidad en los objetos inermes, mundanos de la naturaleza. Más bien estoy remontándome a una época anterior, un tiempo antes del divorcio de la materia y el espíritu, cuando lo sagrado era endémico a todas las cosas.
¿Y qué es lo sagrado? Tiene dos aspectos: la singularidad y la relación. Un objeto o ser sagrado es uno que es especial, único, inigualable. Por lo tanto, infinitamente apreciado, es insustituible. No tiene equivalente, y por lo tanto su valor no se puede medir ya que el valor sólo puede ser determinado por comparación. El dinero, como todo tipo de medida, es una norma de comparación.
Único como lo es, lo sagrado es, no obstante inseparable de todo lo que participo en hacerlo, desde su historia, y el lugar que ocupa en la matriz de todo lo que es. Usted podría estar pensando ahora que todas las cosas y todas las relaciones realmente son sagradas. Eso puede ser cierto, pero aunque podemos creerlo intelectualmente, no siempre lo sentimos. Algunas cosas las sentimos como sagradas y otros no. Aquellas que si, las llamamos sagradas, y su propósito es en última instancia, recordarnos el carácter sagrado de todas las cosas.
Hoy en día vivimos en un mundo que ha sido despojado de su carácter sagrado, por lo que muy pocas cosas en realidad nos dan la sensación de vivir en un mundo sagrado. Bienes producidos en masa, estandarizados, casas en serie, paquetes de alimentos idénticos, y las relaciones anónimas con con funcionarios institucionales, todo niega lo especial del mundo. El origen remoto de nuestras cosas, el anonimato de nuestras relaciones, y la falta de consecuencias visibles en la producción y la eliminación de nuestros productos todos niegan su relación. Así, vivimos sin la experiencia de lo sagrado. Por supuesto, de todas las cosas que niegan la único y lo especial, el dinero es el principal. La sola idea de una moneda se originó en la meta de la normalización, por lo que cada dracma, stater cada shekel, y cada yuan serían funcionalmente idénticos. Por otra parte, como un medio universal y abstracto de cambio, el dinero está divorciado de sus orígenes, de su conexión a la materia. Un dólar es el mismo dólar no importa quién se lo dio. Consideraríamos infantil a alguien si coloca una suma de dinero en el banco y al retirarlo un mes más tarde se quejara “Oye, este no es el mismo dinero que deposité! Estos billetes son diferentes!”
De manera automática, entonces, una vida metalizada es una vida profana, ya que las cosas que compra el dinero carecen de las propiedades de lo sagrado. ¿Cuál es la diferencia entre un tomate del supermercado y uno cultivado en el jardín del vecino y que me ha sido obsequiado? ¿Cual es la diferencia entre una casa prefabricada y una construida con mi propia participación por alguien que me entienda a mi y a mi vida? Todas Las diferencias esenciales surgen de las relaciones específicas que incorporan la singularidad del donante y el receptor. Cuando la vida está repleta de tales cosas, hechas con esmero, conectados por una red de historias de personas y lugares que conocemos, es una vida rica y nutrida. Hoy en día vivimos bajo una avalancha donde todo es igual, impersonal. Incluso los productos hechos a la medida, producidos en masa, ofrecen sólo unas permutaciones de los mismo bloques de construcción estándar. Esta uniformidad adormece al alma y degrada la vida.
La presencia de lo sagrado es como regresar a un hogar que siempre estuvo ahí, y una verdad que siempre ha existido. Puede suceder cuando observo un insecto o una planta, escuchar una sinfonía de cantos de aves o las llamadas de ranas, palpar el barro entre los dedos de los pies, observar un objeto bien elaborado, aprehender la imposible complejidad coordinada de una célula o de un ecosistema, ser testigo de una sincronicidad o símbolo en mi vida, ver felices al juego de los niños, o ser afectado por la obra de un genio. Extraordinarias como son estas experiencias, no son en ningún sentido separadas del resto de la vida. De hecho, su poder proviene de la visión que dan de un mundo más real, un mundo sagrado que subyace e se compenetra con el nuestro.
¿Qué es esta “casa que siempre estuvo ahí”, esa “verdad que siempre ha existido”? Es la verdad de la unidad o la vinculación de todas las cosas, y la sensación es la de participar en algo más grande que uno mismo, y que no obstante, también es uno mismo. En ecología, este es el principio de interdependencia: que todos los seres dependen para su supervivencia de la red de otros seres que los rodean y que en última instancia se extiende hasta abarcar todo el planeta. La extinción de una especie disminuye nuestra integridad, nuestra salud, nuestro propio ser, se pierde algo de nuestro ser.
Si lo sagrado es la puerta de entrada a la unidad subyacente de todas las cosas,
también es una puerta de entrada a la singularidad y especialidad de cada cosa.
Un objeto sagrado es único en su clase, conlleva una esencia única que no puede reducirse a un conjunto de cualidades genéricas, esa es la razón por que la ciencia reduccionista parece robarle al mundo de su carácter sagrado, ya que todo se convierte en una u otra combinación de un puñado de conjuntos genéricos. Esta concepción refleja nuestro sistema económico, de por si consiste principalmente de los productos básicos estandarizados, genéricos, las descripciones de puestos, procesos, datos, entradas y salidas, y lo mas genérico de todo – el dinero, la abstracción elemental, en épocas anteriores no fue así. Pueblos indígenas y tribales se vieron, no como un miembro de una categoría, sino como un individuo único, espiritual. Incluso se pensaba que las rocas, las nubes y gotas de agua, aparentemente idénticas, eran seres sensibles, únicos. Los productos de la mano humana eran únicos, así, expresando su origen por medio de sus características e irregularidades. Aquí estaba la relación entre las dos cualidades de la conexión sagrada, y la singularidad: objetos únicos conservan la marca de su origen, su lugar único en la gran matriz del ser, su dependencia del resto de la creación por su existencia. Los Objetos estandarizados, las materias primas, son uniformes y por lo tanto, desvinculados de una relación.

En este libro describiré la visión de un sistema monetario y una economía, que es sagrada, que representa la interrelación y la singularidad de todas las cosas. Ya no será separada, de hecho o de percepción, de la matriz natural que la sustenta. Reúne a los desvinculados reinos de los derechos humanos y la naturaleza, que es una extensión de la ecología, que obedece a todas sus leyes y lleva toda su belleza.
Dentro de cada una de las instituciones de nuestra civilización, no importa lo feo o lo corrupto, esta el germen de algo hermoso: la misma nota en una octava superior. El dinero no es la excepción. Su propósito original es simplemente conectar a los dones humanos con las necesidades humanas, para que todos podamos vivir una mayor abundancia. Cómo ha llegado el dinero a generar escasez y no la abundancia, la separación en lugar de la vinculación, es uno de los hilos de este libro. No obstante, a pesar de en lo que se ha convertido, en la idea original del dinero como un agente del obsequio, podemos vislumbrar lo que, un día, lo hará sagrado otra vez. Reconocemos el intercambio de obsequios como un acontecimiento sagrado, por lo que instintivamente hacemos una ceremonia el regado dado. Axial que, el dinero sagrado, será una forma de dar, un medio para dotar a la economía mundial con el espíritu del don que rige las culturas tribales y sus pueblos, y aún lo hacen hoy en todo sitio donde la gente hace algo por los demás fuera de la economía monetaria.
Economía Sagrada describe este futuro y también describe una forma práctica de llegar. Hace mucho tiempo me cansé de leer libros que criticaban algunos aspectos de nuestra sociedad, sin ofrecer una alternativa positiva. Luego me canse de los libros que ofrecían una alternativa positiva que parecía imposible de alcanzar: “. Tenemos que reducir las emisiones de carbono en un 90 por ciento”. Después me cansé de libros que ofrecen una posible manera de llegar a ella, pero sin describir lo que yo, personalmente, podría hacer para crearlo. La Economía Sagrada opera en los cuatro niveles: ofrece un análisis fundamental de lo que ha ido mal con el dinero; describe un mundo más hermoso basado en un tipo diferente de dinero y economía; explica las acciones colectivas necesarias para crear ese mundo y los medios por lo que estas acciones pueden ocurrir; y explora las dimensiones personales de la transformación del mundo, el cambio de identidad y ser que yo llamo “vivir en el don.”
La transformación del dinero no es una panacea para los males del mundo, ni debe tener prioridad sobre otras áreas de activismo. Un mero reordenamiento de símbolos en las computadoras no elimina la devastación real, material y social que afligen a nuestro planeta. No obstante, el trabajo de saneamiento en cualquier otro campo desarrollar todo su potencial sin una transformación correspondiente del dinero, que tan profundamente esta entrelazado en nuestras instituciones sociales y los hábitos de vida. Los cambios económicos que describo son parte de un vasto , amplio cambio que no dejará sin tocar ningún aspecto de la vida.
La humanidad está comenzando a despertar a la verdadera magnitud de la crisis que enfrentamos. Si la transformación económica que se describe parece milagrosa, es porque nada menos que un milagro ser necesita para sanar nuestro mundo. En todos los ámbitos – desde el dinero hasta el saneamiento ecológico, hasta la política, hasta la tecnología, hasta la medicina, – necesitamos soluciones que exceden los límites de lo actualmente posible. Afortunadamente, en la medida que se desmorona el viejo mundo, nuestro conocimiento de lo que es posible se expande y con esto se expande nuestra valentía y nuestra voluntad de acción. La convergencia actual de crisis – en dinero, energía, educación, salud, agua, suelo, clima, política, medio ambiente, y mucho más – es una crisis de nacimiento, la expulsión de nosotros desde el viejo mundo hacia uno nuevo. Inevitablemente, esta crisis invade nuestras vidas personales, nuestro mundo se desmorona, y nosotros también nacemos en un mundo nuevo, una nueva identidad. Esto es por qué tantas personas sienten una dimensión espiritual en esta crisis planetaria, incluso con la crisis económica. Tenemos la sensación de que lo “normal” no regresara, que nacemos dentro de una nueva normalidad: un nuevo tipo de sociedad, una nueva relación con la tierra, una nueva experiencia del ser humano.
Yo dedico todo mi trabajo a un mundo más hermoso nuestros corazones nos dice que es posible. Digo nuestros “corazones”, porque nuestras mentes a veces nos dice que no es posible. Nuestras mentes dudan de que las cosas jamás sean muy diferentes de lo que la experiencia nos ha enseñado. Es posible que sientan un cinismo, desprecio o la desesperación a medida que lean mi descripción de una economía sagrada. Puede que Usted pudiera desdeñar mis palabras, como irremediablemente idealista. De hecho, yo mismo tuve la tentación de reducir el tono de mi descripción, para que fuera más plausible,
más responsable, más en línea con nuestras bajas expectativas de lo que la vida y el mundo pueden ser. No obstante, tal atenuación, no habría sido la verdad. Yo hablare, empleando las herramientas de la mente, lo que está en mi corazón. En mi corazón sé que es posible crear una economía y una sociedad tan bella – y de hecho cualquier logro menor es indigno de nosotros. ¿Estamos tan quebrados que aspiraríamos a algo menos que un mundo sagrado?

jueves, 12 de marzo de 2015

La psicología es un arte y no una ciencia (y por qué es importante la diferencia)

EL PSICOANÁLISIS Y LA PSICOLOGÍA TIENEN EN SU ORIGEN UNA INSPIRACIÓN Y UNA PENETRACIÓN ARTÍSTICA Y ESTO ES LO QUE LAS HACE TAN VALIOSAS, NO LA MIMESIS CIENTÍFICA.


POR: ALEJANDRO MARTINEZ GALLARDO - 05/03/2015 A LAS 11:03:55

Revisando publicaciones científicas y el propio zeitgeist de nuestra cultura uno podría pensar que la psicología ha logrado establecerse como una ciencia, una ciencia suave y un tanto controversial si se quiere, pero coexistiendo en la misma arena que algunas de las ciencias más exactas. Esto es probablemente el resultado del arduo trabajo de los psicólogos que han sentido una enorme presión para legitimar su conocimiento y agenciarse el prestigio y la aceptación que supone producir conocimiento científico en nuestra sociedad. Esta presión fue sentida por Freud, cuyo trabajo en un principio fue recibido con hostilidad por los médicos de su época (sus colegas), lo cual lo llevó, en defensa propia, a buscar proyectar el rigor y la repetibilidad que se asocia con la ciencia al psicoanálisis. En el caso de Jung algo similar ocurrió, especialmente porque el médico suizo al interesarse por temas que el mismo Freud consideró demasiado pantanosos y que la ciencia hoy sigue considerando como pseudocientíficos –la sincronicidad, la alquimia, la astrología, etc.– creyó imperativo proceder de la manera más rigurosa posible, clasificando y ordenando la profundidad de suyo insondable de la psique bajo ciertos modelos que aspiran a ser un prototipo de la ciencia del ser o de la ciencia del alma.
A este proceder meticuloso de las dos grandes figuras del psicoanálisis –especialmente de Freud que asoma una teoría suficientemente plausible de la naturaleza humana– le debemos que la psicología sea tomada con tanta seriedad y sea parte del canon del conocimiento humano, sin que esto signifique que exista un consenso. A su vez la psicología se ha diferenciado del psicoanálisis intentando hacer ciencia social, midiendo comportamientos y creando predicciones, desarrollando ramas como la psicobiología y la psicología evolutiva entre otras. Las cuales producen conocimientos sumamente interesantes pero están más cerca de la neurociencia y la sociología y van en contra del significado original, la tradición y la esencia de la psicología (que significa primero el estudio del alma). Lo que hizo revolucionario, por así decirlo, y lo más notable y revelador del psicoanálisis no viene de su acercamiento científico a la mente, sino de su imaginación y su intuición, de su acercamiento mitopoético a la psique. Su profundidad está enraizada en el arte, es una forma de percibir la profundidad de las cosas; más allá de la fisiología, los mitos y deseos que animan nuestros comportamientos. Y en este aspecto de la percepción, Freud y Jung más que acercarse al espíritu científico de su época se remontaron a un principio imaginativo, que podemos encontrar entre los poetas románticos o los filósofos presocráticos que, como si fueran chamanes, lo mismo hacían filosofía y ciencia que arte y religión. El psicoanálisis, que los psicólogos modernos desprecian por alejarse de la ciencia, es en realidad, por acercarse al arte, la disciplina que más se acerca a la psicología en su naturaleza más profunda.
Lo anterior se vuelve más claro al leer la entrevista de Freud que publicó Giovanni Papini en 1934, citada por James Hillman en su libro Healing Fiction:
Todos piensan que me mantengo por el carácter científico de mi trabajo y que mi principal alcance yace en la curación de enfermedades mentales. Eso es un error terrible que ha prevalecido a lo largo de los años y que no he logrado corregir. Soy un científico por necesidad y no por vocación. En realidad soy un artista por naturaleza… Y de esto hay una prueba irrefutable: que en todos los países en los que ha penetrado el psicoanálisis ha sido mejor entendido y aplicado por escritores y artistas que médicos. Mis libros, en realidad, más semejan obras de la imaginación que tratados de patología.
Freud así confiesa que detrás de su apariencia de doctor yace su esencia de artista y se incluye en la tradición de Mallarme, Zola y Goethe (“mi viejo maestro”). Para muchos la atracción del psicoanálisis es que llevaba el terreno incierto, subjetivo y polisémico de la psique a una explicación, a una causa profunda. Doble atracción, porque la causa estaba oculta, como en un misterio, yacía comúnmente en el inconsciente y en la infancia. Pero Freud se veía así mismo más como un novelista o una mezcla de novelista e investigador de aquello “que no puede aclararse” y que “penetra en lo desconocido”, como escribió el mismo Freud sobre los límites epistemológicos de la interpretación de los sueños. Heráclito hace unos 2500 años escribió: “No puedes descubrir los límites del alma, incluso si viajaras por todos los caminos para hacerlo; tan profundo es su significado”. No se puede hacer ciencia con aquello que es inconmensurable.
Freud estaba inventando un nuevo género, nos dice James Hillman, una mezcla entre “ficción y casuística y siempre desde ahí en la historia de nuestro campo, estos son inseparables; la historia de nuestros casos es una forma de escribir ficción”. El psicoanálisis, la llamada “cura hablada”, no cura (cuando cura) porque encuentre la causa definitiva de nuestras psicopatologías, cura porque nos hace habitar en la ficción, nos hace sensibles al poder liberador de la ficción. Utiliza la imaginación a nuestro favor –que desata la creatividad libidinal-, nos remite a historias significativas en las que nuestra vida se vuelve parte del arco dramático de la poética aristotélica, a veces llegando a la catarsis (algo como la sublimación freudiana). La ficción, concebir nuestra vida como una historia –actuando mitos y arquetipos– la dota de un sentido poético, de un significado profundo. Esto es lo más valioso del psicoanálisis –más importante que curar o no una psicopatología–, darle profundidad a la existencia, mayor riqueza y resonancia a nuestras experiencias, crear el contexto para que la mente se vincule con la historia y sea parte de una historia poética.
psycheAquí hacemos el espacio para interpelar a James Hillman, a mi juicio, el tercer gran personaje en la historia de la psicología profunda. Hillman sitúa el origen de la psicología en Heráclito, quien sostuvo a la psique como su arconte, el origen de las cosas en su filosofía. Psique, nunca está de más recordarlo, que significa alma; lo psicológico es aquello que pertenece al alma, y la psicologia nos acerca al dominio de la diosa Psique, amante de Eros y su mitopoética. Este es el espíritu que rescata Hillman en su visión de “una psicología del alma que es también una psicología de la imaginación, una que no toma su punto de partida ni de la fisiología, ni de la lingüística estructuralista, ni de los análisis o el comportamiento, sino de los procesos de la imaginación. Esto es, una psicología que asume una base poética de la mente”.
Lo importante a tomar en cuenta aquí no es emplear un mayor rigor en la clasificación de la psicología y por lo tanto expulsar a la psicología de la ciencia, demarcando claramente los límites de su saber, como algunos científicos más duros han debatido en numerosos artículos. Lo importante es regresarle a la psicología su esencia artística e imaginativa, ya que la materia prima de la psique son las imágenes y es la naturaleza del arte tratar con imágenes, más que la ciencia. Casi podríamos pensar en la psicología como una nodriza de las artes, una especie de hermana de Mnemósine (la memoria y la imaginación van de la mano); en su estudio y conocimiento, un sustrato de creatividad e inspiración. Y así concebir a la mente bajo una base poética. Esta sería la culminación del arte psicológico, una poética de la mente o una disciplina de hacer alma en el mundo
Esto no sólo es una visión estética del mundo, tiene también un componente práctico, o mejor dicho la estética tiene en este sentido una posible dimensión ética. Evidentemente la psiquiatría no es lo mismo que la psicología o  el psicoanálisis –y hay ciertos casos extremos donde su aplicación farmacológica parece indicada– pero al tratar con la psique, con la región del alma y de la imaginación, quizás debería de considerar un acercamiento más suave e imaginativo, más cercano a los mitos y fantasías y emociones que muevan a la psique. Esta es la intuición fundamental de Jung, por ejemplo, quien se formó como psiquiatra pero trató a sus pacientes activando su imaginación, pidiéndoles que materializaran sus sueños y visiones en mandalas y guiándolos a decodificar los símbolos y arquetipos de su inconsciente para integrar su “sombra”. En vez de suprimir los síntomas con agresivos medicamentos, dejar que la creatividad de la psique surja y se cure a sí misma. 
Tal vez el rigor se llega a convertir en rigidez en el caso de los tratamientos psiquiátricos que afrontan la diversidad y las tensiones inherentes de la mente humana con una misma fórmula, una misma pastilla orientada a suprimir las enfermedades mentales, en las que, como creía Jung, se ocultan los dioses de la antigüedad, y son manifestaciones de la profundidad, de la ficción poética del individuo. “Los elementos de la imaginación, a diferencia de los elementos de la ciencia, son necesariamente polivalentes”, dice Hillman. Los padecimientos, sueños, fantasías, obsesiones, complejos y patologías de la psique son siempre algo más, son metáforas y tal vez por eso se resisten a ser tratados de manera literal. Es por eso tal vez que los tratamientos ortodoxos, siguiendo al pie de la letra el manual de la psiquiatría moderna, son tan poco efectivos. Para tratar al alma se necesita de alma –y la ciencia sostiene haber refutado su existencia, ya que sólo lo físico es real–; para hablar en el lenguaje de la fantasía y la imaginación se necesita arte. Vivimos en un mundo en el que cada vez hay más enfermos mentales –esto es un hecho científicamente comprobable, a razón de que es la psicología haciéndose pasar por ciencia la que define a una persona como enfermo mental y cada semana descubre una nueva psicopatología–; cada vez más personas deprimidas, esquizofrénicas, bipolares, con déficit de atención, etcétera, como consecuencia de la aplicación del método científico a la psique. Y es que el alma tiene razones que la razón no entiende.